25 jul. 2014

Dos Cuentos de Verano.



Queridos lectores y amigos que me honran
visitando mi web, en esta ocasión quiero publicar dos cuentos
 cortos,  como regalo de verano. La mayoría de ustedes
están de vacaciones, una
  lectura refrescante y corta pude ser  que les haga reír un poco. Me agradaría saber sus opiniones,  que pueden ser reflejadas al final de la página. Si les agrada la idea, puedo publicar otros cuentos que tengo por ahí.  Mi cuentos, como toda historia,  tiene un mensaje, pero  escritos en forma  humorística, a mi manera, que espero les agrade. Un abrazo veraniego. Román   



Bienvenido Pérez, era un niño feliz, vivía en un campamento militar, su padre, el Sargento Mayor José Pérez  trabajaba en las oficinas del Estado Mayor del Ejército, ubicadas en el campamento, llamado familiarmente  Sargento Pepe por su cercanía con todos los alistados y su ayuda  para resolver las licencias extraoficiales y permisos de salida por motivos personales. Desde su muy temprana juventud   se había dedicado a estudiar, en sus días libres, mientras otros se divertían todo lo que podían.
H
abía logrado graduarse como Mecanógrafo y Taquígrafo Bilingüe en la Habana
  Academia, lo que le permitió solicitar la plaza de Sargento Taquígrafo, la que le fue concedida por ser el único candidato que se había presentado. Aquel hecho tendría una importancia trascendental en toda su vida, mucho más de lo que él pudiera  haber imaginado. Era un hombre todavía joven, de buena apariencia, que conservaba haciendo ejercicios desde las 05:00 horas de la madrugada. 
Su vida era muy tranquila y sostenía algunas amistades con las cuales pasaba algunos momentos libres, especialmente en casa de una señora viuda de un oficial, fallecido durante la persecución de un grupo de bandidos, como resultado de una caída de su caballo, un hermoso ejemplar importado de Norteamérica, con más de 8 pies de altura. Una muerte accidental pero considerada como heroica, dadas las circunstancias en que se produjo, lo que permitió a la joven viuda, con la ayuda del Sargento Pepe Pérez,  continuar viviendo en el campamento, reservado para los militares en activo.
A Bienvenido le encantaba ver a su padre vestido de uniforme, con todas sus medallas colgadas de su bien planchada
camisa. Se sentía muy orgulloso de su padre, que un día le dio aquel nombre como símbolo de lo que significaba haber llegado a su vida.
La madre de Bienvenido era una mujer sencilla siempre ocupada en los menesteres de su hogar y en hacer más llevadera la vida de su familia. Su vida social se limitaba a su vecindario y visitar a algunas de las esposas de los militares compañeros de su marido, no todas, pues la mayoría había logrado casarse con oficiales y mantenían cierta distancia con las mujeres de otros alistados, que residían en el campamento, por necesidades del servicio, como los cocineros, los choferes y sirvientes del Club de Oficiales.
 Había algunos militares de rango inferior, que trabajan en las casas de los algunos de los altos jefes, pero en realidad era algo excepcional, pues no estaba bien mirado por los demás militares, debido a que la mayoría de estos sirvientes domésticos eran seleccionados entre jóvenes de buena apariencia física, decían que por las esposas de los oficiales, la mayoría mujeres jóvenes y de mediana edad, casi siempre solas por las complicadas ocupaciones de sus esposos.  Los altos oficiales tenían su propia zona de vivienda, con todo tipo de comodidades, entre ellas piscinas con agua tibia en invierno  y árboles frutales,  cerca de las clases altas, a la cual muchos de ellos pertenecían, especialmente los graduados de las Academias Navales y de la Aviación.
Bienvenido, regularmente visitaba las oficinas donde trabajaba su padre, para a llevarle algún postre confeccionado
por su madre, para la merienda, pues el Sargento recibía el
  almuerzo para su jefe, enviado por el  Comedor de Oficiales, que muy raramente lo consumía. El día que el jefe almorzaba en la oficina, era el día ayuno para el
sargento, que debía conformarse con tomar café y la merienda casera, pues en las oficinas estaba terminantemente prohibido fumar, debido a que el Jefe de las Oficinas no resistía el mal olor del tabaco.
Un día, cuando Bienvenido llegó su padre se mostró más contento de su presencia que en otras ocasiones, y sin
dejar que el chico se acomodara le pidió le hiciera un gran favor. Le dijo que ese día vendría a visitar las oficinas el General Librado Morales, Jefe de la Administración Militar y que necesitaba ponerse sus medallas, de manera que el
General Morales, quien por simple inspección supiera quién era, lo que podia influir en alguna recomendación de ascenso y por tanto un mejor salario. Le explicó que sus medallas estaban en casa de la viuda de un oficial, a quien las
había entregado para que se las limpiara, junto con su bastón de mando, debido a su experiencia en estas labores. Indicándole que la dama vivía en una casita de ladrillos, pintada de azul, cerca del molino de viento, que había ninguna posibilidad de perderse. Que no se demorara pues pronto el General Morales llegaría y no quería lo sorprendiera poniéndose sus medallas.
Bienvenido, orgulloso de la tarea confiada por su padre, se veía como guardián de un gran tesoro y se lanzó en su
búsqueda corriendo, con la ligereza y la velocidad que solo niño es capaz de hacerlo. Cuando el niño llego a la puerta de la casa azul, la golpeó con fuerza y dentro se sintieron ruidos y pasos de varias personas, unas en dirección a la
puerta y otras como alejándose. La señora de la casa abrió la puerta, vestida ligeramente, con una elegante bata de casa, blanca, transparente que mostraba sutilmente toda su belleza y lo invitó a pasar a la sala de la casa. Bienvenido
asombrado por lo que veía y apurado por explicar la razón de su visita le dijo quien era su padre y para que lo había enviado. Desde el fondo de la casa se oyó una voz de hombre preguntándole de que se trataba, que si era alguien de su oficina, la señora le contestó que era un niño que venía buscar algo que ella tenía guardado y
  que pertenecía a su
familia. Bienvenido sintió deseos de explicarle que todo era de su padre, no de la familia, pero se contuvo cuando vio a un hombre, sin camisa y sin zapatos, aparecer en la puerta de entrada del comedor, que daba a la sala de la casa y
que amablemente saludo al niño.
Bienvenido, sin pérdida de tiempo corrió a la oficina de su padre y le entregó las medallas, quien sin perder
tiempo comenzó a colocarlas en su camisa, mientras el niño lo observaba feliz.
 Ya era un poco tarde y no llegaría tiempo a la sesión de la tarde de su escuela y pidió a su padre le dejara estar allí  con él y hacer sus tareas, mientras esperaba para regresar a la casa, diciéndole  también que necesitaba le diera una nota explicándole a su maestro porque no había asistido a la sesión de la tarde.
El Sargento, todo un caballero lo autorizo y dijo que pondría en el papel que el niño había cumplido una
importante misión militar y por esa razón no había podido asistir a la escuela, por supuesto con todos los cuños que certificaran sus palabras. El niño que no esperaba tanto se paró militarmente frente a su padre, alzó su mano hasta su
frente y le saludo
  agradeciendo sus palabras. El Sargento correspondió a su saludo admirado de la disciplina
mostrada por su hijo.
Habían transcurrido unas dos horas cuando en la oficina se apareció un grupo de oficiales, precedidos por el General
Liberto Morales que haría la inspección. Cuan inmensa seria la sorpresa de Bienvenido cuando vio que el General era el mismo hombre sin camisa ni zapatos, que había encontrado en casa de la viuda. El General, sin demostrar nada
especial saludo al Sargento Pérez, debidamente parado en posición de firme, quien le ordeno descanso, preguntándole quien era aquel niño.
El Sargento, nervioso, pues no estaba seguro si la presencia de menores en las oficinas estaba prohibida, le contestó
que el niño era su único hijo y estaba allí porque no había tenido tiempo de ir a la sesión de la tarde de su escuela. El General lo miro y sonrió, diciéndole
  que lo comprendía. Y acercándose al niño, le invito a seguirle junto a la ventana de la oficina, donde le dijo que le parecía que lo había visto en algún lugar y le pregunto qué si él lo conocía.
El niño sin vacilar le contestó redondamente que no, que era la primera vez que lo veía en toda su vida. El General Morales, sin hacer más comentarios sonrió, dio las gracias al Sargento Pérez
  y se retiro.
Días después el padre de Bienvenido recibió un mensaje del Estado Mayor General, donde se le ascendía a Oficial de
Administración, con rango de Primer Teniente y se le invitaba a la ceremonia donde se premiaría a algunas personas por servicios especiales a las Fuerzas Armadas, ordenándole hacer acto de presencia con toda su familia.

Era domingo y un ambiente de gran alegría dominaba todo el campamento. Los oficiales vestidos de gala, las clases correctamente uniformados, las señoras elegantemente vestidas, todos sin excepción disfrutaban del descanso dominical. Se habían invitado a varios alistados de otros campamentos a prestar servicio ese día en aquel campamento para que nadie faltara a la ceremonia de condecoración.
Después de cantar el himno nacional, todos se sentaron. El General Librado que había organizado el acto, tomó la palabra y comenzó a leer todos los ascensos concedidos, haciendo subir al estrado a los militares ascendidos, entre ellos al padre de Bienvenido, el Sargento Mayor José "Pepe"  Pérez muy conocido por todo el personal, debido a su trabajo de organización y su ayuda para resolver los casos que se presentaban. Un cerrado aplauso tomó al hombre por sorpresa, que solo pudo inclinar su cabeza en señal de agradecimiento para respetar la disciplina, pero que demostraba su popularidad entre lo militares y sus familias.
Seguidamente el General ordeno a los militares bajar del escenario y anunció que tenía dos medallas especiales que
otorgar. La primera a una gentil dama que había contribuido con sus esfuerzos personales mantener el equilibrio emocional de los residentes en campamento y una medalla especial, otorgada a un niño en reconocimiento a su discreción y caballerosidad, muy especialmente por su discreción en lo relacionado con el
servicio militar.
 Ambos serian premiados en privado por la naturaleza de sus servicios, lo cual constaría en sus
expedientes. Con respecto a la dama realmente nadie tenía indicios de quien se trataba, pero el niño todos estaban seguros era
  Bienvenido Pérez, por la carta que la oficina militar había enviado a la su escuela, justificando  su ausencia, más evidente todavía por la cantidad de cuños oficiales que la certificaban.
Aquel memorable día Bienvenido recibió su primera condecoración militar  y fue el día que decidió olvidarse de
los aviones y los barcos y dedicarse sus esfuerzos a convertirse en un oficial de los Servicios de Contrainteligencia Militar, pensando que algún día tendría otras medallas y que el mismo las limpiaría para que brillaran como estrellas.
Nota: Agregada al relato original:
Según las ultimas noticias recibidas por este cronista el
  General Loberto Morales había  destituido al Presidente de la Republica y asumido el  cargo de Presidente Interino y nombrado como Jefe del Ejército de la Republica al Primer Teniente 
José" Pepe"Pérez, con el grado de General de Ejército.
En consecuencia el General "Pepe"  Pérez, en uso de sus facultades como Jefe del Ejército determinó que a partir de ese momento el lema del Ejército de  Patria y Libertad, sería sustituido por otro más combativo y reflejo de la autoridad militar: “Ahora adelante, de a Pepe, con principios Morales, para el bien de todos”
 Algunos oficiales cuestionaron el  nuevo lema y su ortografía  pero el General  “Pepe” Pérez dijo que así debía ser y el
Presidente General Liberto Morales y él sabían porque.

Segundo cuento.
El Ducado de  Germania. Su  Escudo de Armas.
Soy  Germán IV  Duque de  Germania,  por la Gracia de los
Reyes de la Gran Albión, descendiente directo de Roderico,
 Rey Visigodo, hijo de Teodorico.
En varias   ocasiones,  personas interesadas en la heráldica y su significado, me han preguntado qué significa en  nuestra escudo familiar un campo verde, con un hombre vestido con la
túnica de los Cruzados, propinándole un puntapié en el trasero a otro
 hombre vestido con una cota de malla y debajo un  campo horizontal, de color amarillo, con tres tomates rojos.

La explicación es muy sencilla, aunque no muy representativa de una acción noble o cortesana. Antiguamente, el campo verde era de color  terracota,  aparecía un caballero con toda sus armas, montado sobre un caballo negro,  seguido por  una larga fila de  soldados, con sus armas listas para la batalla y debajo una línea  horizontal de color azul,  con el sol saliendo por el
horizonte. Nuestro escudo significaba la invasión de Rey Roderico en dirección al oeste, seguido por sus soldados,
 que culmino con la caída del Imperio Romano de  Occidente. La línea azul simbolizaba la mar,   como fuente de vida y el  sol naciente la promesa de una nueva vida.
 Mi antecesor más directo se había establecido en una de las islas británicas, precedido de una larga historia militar. Los  Reyes Británicos, quisieron recibirlo con honores, por tratarse de un valiente hombre, miembro de la nobleza occidental y le otorgaron el título de Gran  Duque de
Germania y un territorio ubicado a
  orillas del Mar Mediterráneo, frente al Canal de la Mancha, lo que por supuesto no tenía nada de casual y representaba la primera línea de fuego, en caso de invasión marítima,  proveniente de los territorios dominados por los galos.
En
ocasión del la formación del Ejército de los Cruzados, de acuerdo con su historia militar,
  mi ancestro fue uno de los primeros nobles  incorporados voluntariamente a las tropas del Rey, no precisamente por los objetivos de aquel ejercito que enarbolaba la Cruz Cristiana, por voluntad del Rey y  la  gracia  de sus Santos Blasones, sino por amor a las aventuras y  las Ninfas del Olimpo.
Lo cierto fue que el Gran Duque, durante su estancia en tierras del Medio Oriente,
donde afortunadamente no perdió la vida,
 se dedicó a ayudar los  niños huérfanos y  las viudas de los valerosos  soldados enemigos, hasta que decidió regresar a su Ducado.  Cuál sería su sorpresa Cuando al llegar se encontró instalado en las tierras de  su Ducado al infame  José Luis II, Conde de  Barreras, que en su ausencia aplicó todo tipo de leyes,  como el Derecho de Pernada, a pesar de que era conocida su poca competencias en ese campo, guiado más  por sus
deseos que  por sus posibilidades físicas y quien ante su reclamación le retó a celebrar un duelo en la plaza pública, para determinar quien se quedaba con el Ducado.
Ante la situación el Duque de Germania  decidió aceptar el reto.  Días antes de la fecha del evento, el Duque de Germania  realizó algunas investigaciones y supo que la
población deseaba expulsar al perverso Conde, que además
  se apoderó del territorio, de forma
traicionera, durante su ausencia,
 acción indigna de un caballero,  porque lo que decidió
que aquel sujeto no merecía
  lo enfrentara como Caballero.  

Con el duelo ya concertado, el pueblo se reunió en la plaza pública para su celebración. El
Duque de Germania,
 decidido a hacer respetar sus  criterios  se presento en la plaza  pública, escondido  de su adversario entre la multitud. Cuando  el Conde Barreras, muy engreído y pensando que había logrado atemorizar al Duque, se bajo del Caballo para proclamar su
victoria, fue momento en que el Duque
  de Germania salió de la multitud, que rodeaba el campo de combate,  se acercó por detrás del Conde, como  símbolo de su traición   y le propinó un soberano puntapié en el trasero,  seguidamente el público comenzó a lanzarle tomates, lo  que no le dio tiempo a recuperarse y lo hizo huir despavorido de allí.
 El resultado fue que el Duque  de Germania  asumió el Ducado y determinó modificar su Escudo de Armas, reflejando  aquel incidente, que demostraba, más que nada
la verdadera historia del IV Duque de Germania y su derecho a la
 posesión del Ducado.