19 dic. 2013

Las Modas de la Revolución Fidelista.



Todos los procesos de cambios, especialmente los  de tipo social,  imponen nuevas modas y formas de expresión del pensamiento individual.

La revolución que tomó el poder en Cuba, en 1959, no podía escapar a esta manifestación de la cultura popular,  a partir de  hechos  más o menos destacados o quizás importantes dentro del  contexto de los seguidores de la  revolución fidelista.
 No voy a escribir de modas de vestir como las recuperadas de los años de 1920,  importadas por los  soviéticos que se habían estancado en la moda de cuando triunfó la Revolución de Octubre.

 Quiero comentar mis impresiones sobre las modas originales que se han manifestado  en Cuba, después de 1959 con el triunfo de la revolución «fidelista.

Cuando los llamados ”peluos”  o "barbudos" de la Sierra Maestra,  bajaron a 
las ciudades se adornaban con rosarios y crucifijos y  llevaban largas melenas 
y pobladas barbas  que sugerían el tiempo de su estadía en los montes  
durante la etapa insurreccional, las que muchas veces era totalmente falsa         
y habían comenzado a crecer después del mes de de enero del 59.   Los líderes,  excepto Fidel Castro, también lucían  melenas  y exhibían barbas frondosas, 
 que se convirtieron en un símbolo de su militancia revolucionaria. 

 Como todas las modas,  pasó la época de  las  melena que cayeron bajo las tijeras de los  fígaros,  más interesados en el pago por su labor que en su   significado.









Increíblemente años  más tarde los " melenudos"  fueron  perseguido por las autoridades  y algunos personajes conocidos. Había que ver  a  una conocida actriz, según ella  argentino-cubano- española,  que tijera en manos salió a combatir por La  Rampa de la calle 23, la “desviación ideológica” de los jóvenes adolescentes de la época.

Muchas  barbas se mantuvieron y puedo afirmar sin equivocarme,  que muchos  que hoy viven en el exilio  llevan la  barba como si hubiese acabado de bajar de la Sierra Maestra, al parecer como un  curioso  símbolo de cubanidad,  algo que en realidad, para los cubanos,  no es más que una herencia de la revolución fidelista. 

Las Cartas Testamento 

En 1965, sin la debida autorización de su autor,  Fidel Castro leyó la  carta de despedida del Che Guevara, durante la  fundación oficial del Segundo Partido Comunista de Cuba. El primero había sido fundado por Julio Antonio Mella en 1928.
Posteriormente  comenzaron a aparecer muchas personas despidiéndose por cartas, de la revolución y la familia,   por las más diversas razones, especialmente aquellas que implicaban que su autor  partía en  misión internacionalista  a “algún lugar del mundo”,  frase extraída  de la retórica castro-guevarista.

 Hasta yo, que desde siempre  he sido muy conservador con respecto a las modas,  caí en aquella moda y redacté una carta dirigida a una de mis  hijas,  que era un bebe, durante  una temporada en que las crisis de asma,  me atacaban sin descanso. todavía no estoy seguro si alguna vez la llego a leer.
La escribí en una agenda (otra moda cubana) que he  rescatado en varias ocasiones de lugares poco dignos como los papeles viejos de  nuestro sótano y la basura de mi buro familiar.


Hay habido  muchas modas de que escribir en la Cuba posterior as 1959, muchas ridículas y casi increíbles, como  las boinas verdes de la milicia, que había que ganárselas, las moradas de los Infantes de Marina de Cuba, las boinas negras de nuestros ancestros hispanos,  que en nuestro país tropical mantienen la cabeza húmeda por el sudor y  terminan  por tumbar el pelo y que decía mi abuelo Bartolo que no se la ponía ni en Galicia porque "le hedía a queso gruyere". Recuerden el personaje que la usaba en Cuba y la hizo mas  popular  con su foto.

Los sombreros alones, al estilo del guerrillero sonriente  Camilo Cienfuegos, desaparecido un día no se sabe cómo, con su imagen del vaquero camagüeyano.

Por supuesto, fin  sin olvidar la gorra militar copiada de la policía francesa que aun identifican a los miembros  de las escoltas de los dirigentes y usan algunos  ancianos campesinos, heredadas de cuando los nietos pasaron por el Servicio Militar Obligatorio  o las Columnas Juveniles del Trabajo,  creadas para darle un trabajo útil  y mal pagado a jóvenes menos  afines al servicio militar y al sistema político de la  revolución fidelista.  

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“El  secretismo criollo”.  

En cierto momento  proliferaron  los carteles de “El enemigo escucha”  y había que cuidarse. Era una moda menos folclórica pero imagen de los  tiempo que se avecinaban. 
En aquella época un fulano cualquiera  se iba de vacaciones, a visitar su familia a las provincias y cuando le preguntabas  donde había estado, te  contestaba con aire misterioso "en un lugar de Cuba”,  como si Manzanillo fuera un lugar secreto y el Golfo de Guacanayabo la frontera más  peligrosa del Mar Báltico.

 Recuerdo dos anécdotas que todavía me hacen pensar hasta dónde llegó esa moda que todavía se mantiene vigente.  Tenía un conocido que era profesor y quien le dijo a su familia que viajaría a Alemania para hacer un post grado de economía, en el cual permaneció más de un año.
Este personaje no dominaba otro lenguaje que su  propio idioma  castellano y por cierto  no muy bien hablado.  No podía imaginar en qué idioma hizo su post grado y años después le pregunté a un amigo suyo  que me contesto muy serio:
 “Chico, baja de esa nube, el fulano ese  fue a Alemania para recibir entrenamiento en técnicas de  investigaciones  secretas”.

 Por supuesto que más nunca volví a  preguntar nada. ¡Imaginemos qué tipo de post grado haya recibido para luego dedicarse a trabajar con  personas confiadas en su laboriosidad  e inteligencia, sin darse cuenta que tenían a su lado un espía profesional..  
Otro caso que conozco   fue la de un  psicólogo social, que partió en misión, según le informó a su familia para realizar un estudio en las provincias orientales, como si en el oriente cubano no hubiesen muy buenos y competentes psicólogos sociales.
A su regreso,  dos meses después,  fui a visitarlo para que me contara cómo le había ido en Oriente.  Le pregunté si había tomado fotos de su estancia en la Sierra Maestra y me dijo que si pero las había mandado a revelar y  se perdieron.
Después de tomar algunas copas de un excelente vino  portugués, me dijo “tú eres mi amigo y no te voy a engañar, en realidad yo estuve en África  resolviendo una situación bastante difícil”.
La curiosidad se revolvió dentro de mí y le pregunte” puedes  contarme algo” y me contestó:  ”Claro no hay  problema te  lo contaré “  Me dijo que el hijo de un colega nuestro se había ido a combatir en  África sin permiso de su padre, quien preocupado por su hijo se puso en contacto con los responsables que le  había enviado y les  dijo:
” Mi hijo tiene problemas psicológicos y el no puede estar allá, pues por sus reacciones puede ser un peligro tanto para él como para los demás  compañeros”.

Debido a sus relaciones  familiares no podía  hacerse cargo él mismo de hacer el diagnóstico y decidió enviar a mi colega para que hiciera  la evaluación psiquiátrica del joven. Efectivamente   regreso  con él después de demostrar la veracidad del diagnostico de  su padre.   
Parecía que la historia terminaría aquí, pero algún tiempo me encontré con mi colega y me pregunto si me  acordaba de  la historia  del joven  que fue a buscar a África . Le dije que sí.
 “Pues ahora surgió otro  problema”, me dijo. Y yo preocupado le pregunte
 “Én  qué te puedo  ayudar”.  Y me  contesto:
 “No nada de eso, el problema es que ayer me dieron una medalla por haber estado en África,  en tiempo de Guerra,  y no tengo donde guardarla porque mi familia  no sabe nada de donde yo  fui.  Quizás tú puedas guardármela”.

Para  no implicarme  con su historia le sugerí: “Diles  que te la encontraste en la calle  y veras”.
Su respuesta fue “para ti todo es muy fácil, como me van a creer que me encontré una medalla otorgada por el Consejo de Estado de Cuba en la calle. Vamos chico no seas inocente eso no lo cree nadie ".
Por supuesto le insistí que de todas maneras con probar no perdía nada.  Pasó el tiempo y un día me encontré con  él y me dijo:
“Sabes el otro día hablando con mi esposa se me escapó y le dije:
 “Total para qué vale la medalla por  haber ido  al   África   si al final no es más que un pedazo de metal “.
Mi esposa que tiene una lengua que no se la quiere, imagínate lo que me dijo:
” Y a ti que te importa eso, si total la  encontraste en la calle, ahora no me  vayas  a hacer a mi el cuento de que tu  estuviste combatiendo en  África”
"Tu ves por eso no me gusta decir mentiras porque luego no tienes cuando parar la historia" .
Y  yo me comencé a reír como si estuviera loco del final de la historia.
Aquel matrimonio había sido una víctima más del “Secretismo criollo”,  donde algunos por darse importancia y otros  por miedo a las consecuencias,  se pasaban  la vida hablando bajo por los rincones y a veces solos,  para que nadie les oyera.
La última moda de que tengo noticia, después de  la recuperación del rol de la Iglesia y  40 años de ateísmo, es el uso del lenguaje religioso,  donde los cubanos, dentro de la Isla,  por cualquier cosa dicen” si Dios quiere” y  ” gracias a Dios”  y te dan la bendición como su fuera una taza de café.










Las modas son inevitables, de corta vida y seguirán sucediendo cosas que será nuevas modas  y nos permitirán disfrutar la vida, con  más regocijo y felicidad,  todos los cubanos,  unidos por la única y verdadera razón de nuestra existencia  que no hemos decidido pero que siempre, siempre,  será lo más importante de nuestra existencia:
Haber nacido en una isla larga y estrecha del Mar  Caribe, lamas hermosa que  ojos humanos  hayan visto, llamada Cuba y ser cubanos hasta el último día de nuestras vidas.



7 dic. 2013

HOMENAJE A MI QUERIDO PROFESOR DE LA PREPARATORIA, EL DR. MIGUEL VALDES MIER.






DR. MIGUEL VALDES MIER, PRESIDENTE 
 DEL GRUPO DE PSIQUIATRIA DE CUBA.


Mi estimado profesor, hoy  pensaba que el 2 de Diciembre,  de cada año, nosotros los cubanos rendimos homenaje a nuestros medicos, aunque un poco tarde se me ha  ocurrido  publicar  estas líneas  en honor a Usted. No escribire aqui, dentro del contexto,  su  nombre,  aunque aparece como pie de la foto que acompaña mi nota,  porque prefiero guardar el espacio, como siempre me aconsejaba  mi querido padre:

 “Habla del milagro y deja al  Santo tranquilo”.

Mi admirado profesor, lo conocí impartiendo lecciones  en una antigua y destartalada  casona  de la Habana Vieja,  cuando yo  era apenas un  jovenzuelo, 
que realizaba mi servicio militar como alistado en la Marina de Guerra, y como tantos otros  casi  analfabeto.
Hoy, 54 años después, tras  de haber cursado dos licenciaturas 
universitarias y numerosos post grados, quiero publicar estas notas 
de mi intimidad como merecido homenaje a Usted. 
No me voy a emocionar mucho más, pues bastante emocionado estoy ya
solamente con pensar en hacerlo. 
Recuerdo el día que lo volví a encontrar, en el Ministerio de Salud Pública, donde yo en calidad de Asesor de la T.V., dirigía una reunión en la que usted participaba.
Habían pasado casi 25 años y  lo reconocí solamente por su profunda voz,  que tantas veces me guio durante mis estudios. 
Usted me reconoció erroneamente, creyendo que yo era uno de sus pacientes, admirado de la mejoría de mi  salud mental y la capacidad de dirigir aquella reunión.
Algo demasiado importante para mí, que no alcanzaba,  sobre la base de mis conocimientos, la altura de las suela de sus zapatos.

! !!  Qué vergüenza mi querido Maestro, yo asesorándolo a Usted!! 

Cosas de la burocracia que no respeta ciertos  valores, sobre todo si  son difíciles de apreciar cuando no se posee la información necesaria. 
Hoy quiero decirle algo que nunca le dije por temor a su irónica sonrisa, casi siempre
presente.
En aquella época era Usted un estudiante universitario que cubría la cotidianidad de sus gastos con l;os honorarios que recibía por sus actividades docentes, de las cuales era yo un beneficiario absoluto. 
Jamás le dije que usted era el ejemplo que me inspiró a redoblar mis esfuerzos para llegar a las aulas universitarias, sin haber regresado jamás, ni siquiera por simple cortesía a contarle el rol que usted había jugado  en mi vida.
Hoy  no puedo dejar de hacerlo, especialmente  ahora que estamos tan lejanos uno de otro.
Le digo todo lo anterior  porque creo necesario lo sepa allí donde se encuentre ahora, pues no estoy seguro cuando lo volveré a encontrar. Pero de lo que estoy absolutamente seguro es que donde sea y en el momento que sea, usted seguirá siendo mi ejemplo, aunque ya la nieve de muchos inviernos han cubierto mis cabellos de forma irreverente para mi septuagenaria  juventud.

Que el Universo premie su sabiduría y su dedicación a formar a otros jovenes profesionales.

Su alumno de los principios de la década de 1960.

Lic.  Román Rodríguez Placeres. Psic.