20 ago. 2011

Ser o no ser…jinetera



Visitando una Web amiga, “Faro de Recalada", administrada por el escritor Esteban Castaña Lostal, ex Capitán de la Marina Mercante de Cuba, encontré dos interesantes videos que convergían en su temática sobre las situaciones que vive la sociedad cubana.


Uno de los videos, expone cómo las organizaciones "revolucionarias"
se inmiscuyen, supervisan y presionan directamente el desarrollo de la vida del cubano medio, protagonizado en los roles principales, por Luis Alberto García,Néstor Jiménez y Laura de Uz.
La realidad, tratada de forma más cómica que trágica, sin discursos panfletarios expone en sus diálogos e imágenes las aberraciones de vivir en una sociedad donde no se respeta la intimidad de la familia ni el libre albedrío de todos sus miembros. Aunque no creo que disminuya para nada la importancia del tema y las consecuencias en la vida del ciudadano común, su final es demasiado abrupto y da la impresión de que falta algo para terminar la secuencia del tema planteado.

El otro video es la declaración de la cubana, Liu Santisteban, sobre la prostitución femenina y la mujer cubana. Un tema siempre vigente, sobre una de las profesiones más antigua del mundo, surgidas como justificación religiosa en los cultos paganos del Oriente, un tema que en este caso involucra la sexualidad en nuestro país.
Su crítica fundamental está dirigida a quienes desde el extranjero reflejan la prostitución como característica conductual de las mujeres cubanas.
Es admirable la esencia de su planteamiento, en defensa de la moral de la mujer cubana, aunque sólo se circunscribe a la prostitución femenina y olvida que también existe la prostitución masculina, un fenómeno que ha adquirido extraordinaria vigencia en Cuba.
En su exposición hace un llamado a los escritores y bloguistas para que traten el tema, que precisamente es lo que me incita a publicar esta nota.

Los que desde el extranjero explotan el tema, siempre atractivo, no son los únicos responsables del enfoque que muy acertadamente Liu Santisteban critica, pues aparentemente todas las mujeres cubanas, de algún modo, practican la prostitución o el “jineterismo”, como ahora se le llama.
Les contaré una anécdota personal que sacó a flote una de las características de mi personalidad que he dominado a través de mi vida con gran esfuerzo.
Hace unos 15 años, me encontré con un sujeto de origen latinoamericano que aspiraba a una posición política en la ciudad de Montreal y quien sabiendo mi origen cubano calificó la época pre-revolucionaria en la isla de Cuba “de bayú de los norteamericanos que iban de turistas a Cuba en busca de placeres sexuales y juegos de azar”.
Aquella expresión del individuo me causó una tal cólera, en cubano, encabronamiento, que le dije cuántas cosas me vinieron a la boca en aquel momento.
Años después de aquel incidente, que no fue el último, pues también en otra ocasión me vi obligado a discutir con otros por su enfoque de la realidad cubana antes del 1959,he llegado a la conclusión de que no son sólo los extranjeros quienes han hecho valer esos enfoques sobre la vida y la corrupción en la Cuba de antes del 59, que una razón para calificar a las cubanas, digámoslo claramente, como prostitutas, es debido a todas las historias elucubradas por los ideólogos del "sesudo" sistema marxista cubano para demostrar que Cuba era antes de la "revolución" “un paraíso para la corrupción de todo tipo”,disfrutado por los turistas, especialmente los norteamericanos, que visitaban el país

y los gánsteres del mismo origen, que lograron establecer lazos con los gobiernos corruptos y donde siempre se resaltaba,como forma de desprecio a los cubanos, el desafortunado incidente con aquellos marinos ebrios que un día se subieron sobre la estatua ubicada en el Parque Central de La Habana, del Apóstol de la Independencia de Cuba José Martí.
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En Cuba existió y existe la prostitución y la explotacion de la imagen femenina como metodo de atraccion comercial.
Recordemos las estúpidas medidas contra las prostitutas, en La Habana de los años 40, ordenadas por el Ministro de Gobernación, y que provocaron el desplazamiento de las infelices mujeres de sus lugares habituales de prostitución para diseminarlas por toda la ciudad, sin resolver las causas que provocaban la prostitución.
La mayoría de las prostitutas profesiónales venían del interior de la isla en busca de mejorar su vida económica, y , muy especialmente, el alejamiento de los familiares y personas que las conocían.
No sólo en La Habana existían zonas de tolerancia, en la ciudad de Camagüey la ciudad de Nuevitas, en Guantánamo, en Santiago de Cuba y muchos otros lugares de la isla también existían zonas de prostitución.
La prostitución en Cuba era una actividad que hasta cierto punto se aceptaba como un mal inevitable, aunque todavía no cruzaba y se expandía a niveles internacionales, salvo en Venezuela donde las cubanas iban como"ficheras"en los bares.
Cuando asaltaron y tomaron el poder de la Republica, los " barbudos" que llegaron adornados con rosarios y crucifijos, ayudaron a muchas de aquellas mujeres salir de las casas de citas y del servicio doméstico, proporcionándoles estudios y empleos, sin embargo hoy han causado que la prostitución vuelva a cundir y afectar a todos los niveles de la sociedad.
El problema actual es que debido a la situación económica cubana, y las limitaciones para alcanzar un nivel de vida confortable, no todas pero si muchas personas han adoptado esta práctica para resolver sus problemas económicos o como medio de emigrar a otras regiones donde creen poder alcanzar el bienestar que desean. El resultado es que algunos mal informados generalizan y califican erróneamente como personas prostituidas a todas las mujeres cubanas, incluso a los hombres, que se relacionan con extranjeros para tratar de emigrar, algo totalmente falso pues son muchos los cubanos que ofrecen pagar a quienes los ayuden a salir del país.
Sin embargo, es cierto que existe un problema de prostitución en las relaciones de hombres y mujeres cubanas con personas de origen extranjero, fuera y dentro de la Isla, como existen en cualquier país, rico o pobre.
Pero Cuba no debe ser burdel ni un Casino para satisfacer las demandas de turistas y nacionales ni debe ser lo que caracterice al cubano, como fueron las mulatas rumberas y las maracas de las películas hollywoodienses.

Siempre, como lo demuestra la historia de la humanidad, habrá individuos que encontrarán en esta actividad un medio fácil, y para alguno agradable, para vivir, pero la moralidad sin dogmas y las buenas costumbres dentro de la familia podrán ayudar, sino a su eliminación, a controlar las causas que lo provocan.
Los males de la calificación como prostitutas de la mujer cubana están hechos, aunque le neguemos mil veces y nos indignen, pero hasta cierto punto los causantes de esta mala fama son quienes lo utilizaron como argumento en la propaganda justificativa del proceso iniciado en 1959,
muy parecido a lo que hizo a aquel desafortunado Ministro en los años 40.
Mundialmente hay quienes aceptan la prostitución como algo criticado solamente por una moral arcaica. En países como Holanda la han legalizado como una actividad laboral más. Los prostitutos y prostitutas se unen en sindicatos con tantos derechos como cualquier trabajador y son titulados como “trabajadores del sexo”.
La sexualidad es fuero de la libertad individual. El individuo es quien debe decidir la forma de sus relaciones corporales y sexuales, sin que nadie tenga derecho a limitarlas ni calificar a nadie por ello, tanto como jugar lo que se gana a una carta o en una ruleta, pero lo importante es que todos, jóvenes y mayores, mujeres y hombres, seamos conscientes de que lo esto significa y adonde nos conduce.
Todos en determinado momento no distraemos jugando o apostando en los juegos de azar, pero cuando alguien se juega el dinero del sustento de su familia,la comida de quienes dependen de la persona, es algo incalificable que no merece ningún tipo de tolerancia ni respeto tanto como los proxenetas que explotan las prostitución y a quienes la ejercen.
La sexualidad y su ejercicio es derecho de todos los seres vivientes, pero el desenfreno y la falta de control en su práctica hoy nos afecta con enfermedades más terribles que la gonorrea y la sífilis de antaño, muchas veces por la promiscuidad y peor aun cuando se realiza por intereses económicos o de conveniencia muy lejanos de la razón principal que es el amor entre la personas.
A nosotros, ciudadanos comunes y corrientes, es a quienes corresponde mostrar y guiar a nuestros hijos y a la sociedad en el camino correcto en esta situación, donde el problema se da por el carácter comercial de las relaciones, repito, y no por amor a otros seres humanos procedan de donde procedan y pertenezcan a cualquier otra raza humana u otro grupo étnico.
En Cuba es un problema que solamente el desarrollo económico y la libertad individual para emigrar y buscar otros horizontes puede resolver.
La sociedad es nuestra obra, en ella vivimos y nos desarrollamos y podemos ser felices y vivir en armonía con el Universo. Sólo de nosotros depende su calidad y sus valores.
Podemos hacer de nuestra vida un Paraíso o un Infierno, de nosotros depende.



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