30 oct. 2010

La Noche de las Brujas

Un día como hoy, que muchos países celebraban la fiesta de disfraces donde algunos acuden a algún recurso , lo más económico posible, para disfrazarse y otros realizaban sus sueños infantiles y se visten con las galas y el vestuario de algunos personajes que admiran, sucedió que después de haber recorrido todo el barrio visitando la diferentes casas y recibiendo confituras, bombones y otros diversos regalos un abuelo regresó con sus nietos a la casa donde vivían y se pusieron a ver la televisión.



El abuelo insistía en que fueran a descansar, pero como era viernes, el último de la semana escolar y al otro día, sábado, se podían quedar un rato más en la cama, no insistió mucho y se puso a leer el periódico del día que no había tenido tiempo de revisar debido a los preparativos relacionados con la noche de las brujas.

Era un poco tarde y ya los programas infantiles habían terminado, pero los niños con la excitación de la actividad, que sólo se hacia una vez al año, y con los mayores de la casa todavía vestidos con sus disfraces, no quisieron ir a dormir inmediatamente

Los niños se entretenían viendo una película clasificada para todas las edades, que de acuerdo con la fecha era una película de misterio donde se producían transformaciones que impresionaban mucho a los niños, y que el abuelo, siempre vigilante de la formación de sus nietos, no le daba mucha importancia.

Cuando la película estaba casi a punto de terminar, uno de los niños se acercó al abuelo preguntándole si era verdad que existían esas cosas y que la persona se transformaban como aparecían en la película.

El abuelo siempre complaciente, pero aun más interesado por las  noticias del día, especialmente relacionados con la situación del país de donde ellos habían emigrado, le pidió que le dejara leer el periódico y que por la mañana le explicaría todo eso e incluso como se hacía en los filmes.

El niño, como todos los niños, presionado por la curiosidad, seguía insistiendo que quería saberlo en ese momento, lo que motivó que el abuelo depositó el periódico a un lado y comenzó a explicarle cómo se producía aquellas transformaciones, siempre tratando de enseñarle algo útil.

Lo primero que le dijo fue que la transformación y el cambio de las cosas había sido siempre una búsqueda de los hombres en su afán de lograr poseer las cosas que más le interesaban. Que en la antigüedad muchos hombres se habían dedicado a experimentar con la Alquimia para transformar los metales, lo que de alguna forma se decía había contribuido al desarrollo de la ciencia llamada química, otros había utilizado ese deseo de cambiar las cosas para hacer cuentos más o menos fantásticos, como puertas que se abrían con sólo una palabra como aquella de “Abracadabra” utilizada por “ Ali Baba y los 40 ladrones”.
Y que hoy gracias a la técnica y el uso de la química física y sobre todo las nuevas tecnologías, artistas y técnicos lograban las maravillas que hoy vemos en las películas y la televisión, muchas veces basados en descripciones de relatos fantásticos o de Ciencia Ficción.

Atraídos por la respuesta del abuelo, los niños se sentaron a su alrededor para oírlo con mucha atención, cuando uno de ellos, el más inquieto de todos, le dijo:

-“Abuelo todo eso que tú dice está muy complicado, lo que queremos es saber es si eso se puede hacer ahora y si tú puedes dar un ejemplo de cómo se hace. A mí me gustaría hacerlo también.”

Sorprendido por las palabras del niño, porque pensaba que les estaba explicando algo de forma interesante, se quedó pensando qué ejemplo podía darles de transformación.

De cierta manera le era algo difícil, pues más que nada su pensamiento estaba bajo influencias de las noticias que había leído. Cuando de pronto cuando de pronto una sonrisa pícara se dibujo en su rostro y les dijo:

-Ah… le voy a poner un ejemplo que quizás ustedes conocen y le preguntó:

¿Recuerdan quién era el Rey Midas?

Y los niños a coro contestaron “Si, si abuelo aquel que cambiaba todo lo que tocaba en oro”

-Efectivamente- les contesto-bueno ahí ustedes ven un ejemplo de cómo Rey Midas con su avaricia por el oro todo lo convertía en ese metal hasta lo que sucedió al final por culpa de ese deseo incontrolable-

- Pues bien, actualmente hay quienes tienen la misma ambición por los metales preciosos, el dinero y el poder y pueden hacer cualquier cosa, no importa que para obtenerlo con el menor esfuerzo posible.-

El mismo niño le dijo:

-Abuelo en mejor que sigas con el ejemplo para comprender mejor, así es más fácil para nosotros-

-Si está bien, espérate no he terminado todavía-- Y siguió su relato- .

-Mira muy cerca de aquí, donde nosotros vivimos ahora, hay una isla larga y estrecha donde a pesar de la riqueza y el desarrollo que había alcanzando lentamente, sus habitantes sufrían algunas desigualdades y abusos por parte de quienes los gobernaban y querían transformar toda aquella situación cuando apareció un hombre con barbas de profeta, que después de expulsar del poder a quienes lo gobernaban, prometió hacer de aquélla isla un paraíso en la tierra con la ayuda de los apóstoles que lo seguían.

Pero sucedió, que el profeta y sus apóstoles, comenzaron por enfrentarse a su vecino más cercano, que por supuesto también aprovechaba del intercambio con la isla, y fueron a tierras lejanas a buscar ayuda, tan interesada, o más, que la de los vecinos.

Los habitantes de la isla al principio le creyeron, pero más tarde por la carencia de alimentos y la falta de libertad para determinar sus vidas comenzaron a sufrir y se dieron cuenta que aquello no conducía a nada.

El niño volvió a interrumpir al abuelo, al parecer  cansado de oírlo y le dijo:

-Pero abuelo ¿Dónde está la transformación? ¿Lo convirtió todo en oro?

El abuelo ya un poco cansado de las interrupciones y porque sabía que siempre habría una nueva pregunta le contestó:

-No hijo, el que transformaba las cosas en oro fue el Rey Midas, el hombre de mi historia, el de las barbas de profeta, hizo algo todavía más difícil, el poco oro que quedaba en la isla lo transformó en mierda.

Una de las mujeres la casa que lo estaba oyendo atentamente le dijo:

-Abuelo habías prometido no hablar más de política con los niños y ahora estás hablando de política con palabras feas...

El abuelo ni corto ni perezoso le contestó:

-No es política, es historia, y si no te parece bien que diga mierda, la retiro y digo
Hunga de Vaca.




!Que se diviertan con sus brujitas y sus brujitos!!

1 comentario:

Xiomara dijo...

Papi, me encanto. Como siempre tu humor y to toque...no de Midas precisamente, pero tu toque...
Un abrazo..
Tu hija,
Xiomara