2 ago. 2010

¿Se cambia o no se cambia? Josefina Baker








Aparezco de nuevo por aquí después de haber pensado seriamente en un consejo que me dio un amigo a quien aprecio mucho.
Su opinión sobre mis escritos es que abordo demasiado las cuestiones políticas que no resuelven nada y que al final siempre será lo mismo. Pensé oyéndolo que hasta cierto punto tiene razón, como cuando mi padre muy acertadamente me aconsejo no mezclarme en la lucha que se gestaba en la Sierra Maestra, basado en sus experiencias con la Revolución de 1933 contra la dictadura de Gerardo Machado.
La opinión de mi padre era que cuando uno se mete en las cosas de las llamadas revoluciónes debe estar muy vinculado a quienes la dirigen, porque en el trascurso de la lucha, si no lo matan a uno, cuando los “revolucionaros” toman el poder se aprovechan y no hacen nada por el país y la larga se matan entre si, por el control del poder total.
La vida me enseño que tenía razón mi padre, más que demostrada en la práctica de los 51 años de los cubanos sometidos a la dictadura castrista.
La disertación de mi amigo respecto a cuál debía ser el contenido de mis artículos me hizo pensar seriamente si debía oírlo y cual era línea adecuada a seguir si quería seguir escribiendo.
Me dio mucho que pensar y mientras lo analizaba decidí escribir sobre algo que siempre me agrada.
He aquí mi escrito último y su final inesperado incluso para mí que lo escribí.
Hace algún tiempo he hablado de ”mi barrio”, mi barrio habanero que tanto quiero, y que aún hoy en la distancia siempre recuerdo agradablemente.
En aquella ocasión hable de sus límites y de algunas experiencias de mi temprana niñez.
Mi barrio se llama San Leopoldo. Y se encuentra limitado por el Malecón, la Avenida Galiano, la calle Zanja y Belascoain.

Sin ser un barrio residencial se puede decir que se podía de vivir con cierta tranquilidad, es cierto que por un lado teníamos el barrio de Colón, donde se hallaba la conocida zona de tolerancia, que en cierta ocasión fue destruida por las fuerzas enviadas por un ministro llamado Lomberto Diaz, pero como siempre sucede con la mala hierba, que no sé porque tiene más fuerza que la buena,volvió a resurgir, con más fuerza aún, decían que protegida por un ministro que era hermano del Presidente de la República.
Del otro lado, lo que pudiéramos llamar el lado norte se encontraba en el barrio chino,
con todas las características de esos barrio en todas partes del mundo, las llamadas fondas, con comida típicamente china, frecuentadas principalmente por los asiáticos, la gente pobre cubana, mi tio Pedro y yo.
El teatro chino llamado “El Pacífico” donde se interpretaba obras clasicas chinas y odne enttre undiaatraido por aquellos sonidos raros parecidos a los de la comparsa china. Habia un cine llmado La Muralla, donde se proyectaban películas en chino, sin doblajes ni traducciones, que en una de mis aventuras de adolescente visité, y que aún sin entender nada me gustó y puedo decir que pasé buen rato.



Allí también estaba un teatro que se puede decir estaba entre lo cómico y lo pornográfico llamado “Shanghái”, denominación inevitable por el lugar donde estaba situado, donde por supuesto los personajes principales eran la mulata, el gallego, el negrito y el chino manisero.
No puedo decir que por razón del desarrollo sino de la decadencia el barrio chino se convirtió, por decirlo de alguna manera, en una extensión del barrio de Colón.
ºwz
En el barrio chino habían algunos Casinos para lo juegos de interés, recuerdo bien había uno que se llamaba Mayong o algo parecido, lo que sí puedo decir que cuando se pasaba por la acera había mucho escándalo y alguien que otro cliente que salía disparado por la puerta.


Existía también una especie de Mercado de las Pulgas, lugar que estoy seguro agradaría mucho a una de mis cuñadas, lo primero que busca cuando visita algún país, donde se podía comprar una taza sin asa o cualquier otro artículo más o menos raro.
A mí me encantaba pasear por aquellos lugares mirando las cosas que vendían los chinos sentados en la acera y conversando entre ellos.
En el barrio también habian muchas asociaciones que agrupaban sus habitantes por apellidos, una especie de cooperativa habitacional donde vivían muchos inmigrantes chinos.
En una ocasión me cole simplemente para ver que había allí y puedo decir que fue recibido muy respetuosamente y de forma muy amable. Algunos chinos que hablaban castellano se tomaron tiempo para explicarme lo que eran aquellas sociedades.
Mas tarde, alrededor del 1948 apareció una gran oficina del Kuomintang donde daban algunas fiestas y se reunían las familias del barrio y editaban un periódico en chino.
En Belascoain y Zanja terminaba San Leopoldo y comenzaba Cayo Hueso. La calle Belascoain, llamada oficialmente Padre Valera, en honor a aquel honorable del varón” que nos enseñó a pensar” dijo el historiador Sergio Aguirre, era la frontera entre ambos barrios. Esta calle tenía algunos puntos muy conocidos y remarcables para mi durante mi niñez.
En San José y Belascoain, estaba Radio Cadena Habana, frente de la cual mataron al Representante Cossío del Pino y la fábrica de toallas “Telva”, y por supuesto, no puedo dejar de mencionarlo, la posada “El Paraíso” propiedad de mi tío Nemesio. Donde alguna vez puse a prueba mis dotes de la adolescencia.


Un poco más allá la calle San Rafael con su cine Miami, la Casa Prado, que todo domingo ponía a los habaneros a recorrer La Habana tratando de capturar al Hombre de la Casa Prado, quien les regalaba una guayabera por haberlo identificado.
En Neptuno y Belascoain, se encontraba la dulcería Siglo XX, que no voy a describir porque existe un blog, muy interesante y bien confeccionado, que se llama precisamente así y que si a alguien le interesa más detalles le sugiero lo visiten y pasara momentos muy agradable con las anécdotas de relatos y comentarios de su autor.
Más allá, en Concordia y Belascoain estaba el Hotel Madrid hoy convertido en casa de vecindad.Llegando a la Calle Virtudes, la fábrica de tabacos Romeo y Julieta, al frente de la tienda de modas La Popular, donde comencé mi vida laboral, con apenas 12años, propiedad de Manuel Canaoura, un gallego amante de las artes y presidente de la Artística Gallega.
Allí comenzaba el muro de la Casa de Beneficencia y Maternidad, una institución que abrigaba con mucha devoción a los niños huérfanos y expósitos depositados allí por el Torno que daba frente al hotel San Luis, donde se alojaban los peloteros norteamericanos que venían a practicar y jugar en Cuba.
Al llegar a la esquina de San Lázaro y Belascoain, a una cuadra del Malecón habanero estaba la calle San Lázaro para quienes habitante reclamaban la denominación de barrios de San Lázaro. Sin saber quienes tenían razón, para mí el límite estaba dado por el Malecón de La Habana,ese famoso Collar de Perlas caribeño que rodea casi toda Ciudad.
En aquella esquina comenzaba el Parque Maceo, dedicado a nuestro Titán de Bronce frente a la Casa de Beneficencia hoy convertida en Hospital, parte de San Lázaro o Cayo hueso, reducido hoy a su mínima expresión.
Pasear por Malecón era una de las más agradables actividades que podía realizar un habanero sin costo alguno, recorrido por los vendedores de Maní tostado, una golosina barata para quienes disfrutábamos allí contemplando el mar, el lugar ideal para conversar con los amigos o la noviecita.
El Malecón, refrescado durante el calor más intenso por los vientos Alisios y por el Terral también era el lugar donde algunos jóvenes tomaban su baño de mar en sus “ pocetas” como la 21,

restos de los tiempos de la Colonia Hispana,o mar afuera, mientras los turistas les lanzaban centavos que ellos buceaba con mucho interés, pues un centavo en aquellos tiempos era el costo de un cucurucho de maní, mas por sport que por necesidad.
Mi querido barrio tenía muchos personajes conocidos.
En el barrio era muy popular, el cocinero de la comparsa “La Jardinera” que salía todos los carnavales cocinando una tortilla que hacia volar por el aire para luego atraparla bailando, y que lo muchachos conocíamos como el padre de Chocolatico, un amiguito del barrio que luego el mismo se convirtió en un personaje victima de la enajenación y recorriendo el barrio en su delirio.
De alli surgio tambien Ambia, el poeta folklorico que establecio sus predios en la UNEAC. Pero sucede que escribiendo me pongo a pensar en la destrucción de mi querido barrio y las causas de ello. Y recuerdo, sin poderlo evitar, aquel día que lo atravesé desde Galiano a Belascoain, por la calle Lagunas, donde vivía mi hija Xiomara, y las ganas de llorar que me dieron al ver sus balcones apuntalados, con sus calles, antes limpias bien cuidadas, plagadas de montones de basura pestilente,

sus calles llenas de baches, las mismas calles por donde los policías nos hacían correr al toque de su palo contra la acera por jugar e al “taco” en plena calle y no pude continuar escribiendo estas cosas casi banales.
Aunque me contengo y recuerdo lo sabios consejos de mi amigo,pienso que tengo que hablar de politica.
Si coño, tengo que decirlo porque si no me ahogo. Ayer mismo el General Presidente de Cuba Raúl Castro abogó en la asamblea del Poder Popular por cambios que no son más que lo mismo que existía antes que la revolución, que sin experiencia administrativa de ningún tipo, guiada por estalinistas sovietizantés, destruyera la economía de un país, que a pesar de la dictadura batistiana, tenía una economía floreciente, donde el peso tenía más valor que el dólar norteamericano.






Quiero ser positivo y pensar que serán realidades esas palabras y no nos seguirán mintiendo como otras veces.
Quiero confiar por esta vez en el Gobierno de Cuba dirigido por quienes detentan el poder hace mas de medio siglo, y si a alguien se le ocurre llamarme raulista o fidelista lo voy a mandar a FORNICAR.
Soy un cubano que como hombre honesto siente rabia por la patria avasallada y su pueblo manipulado y sometido la obediencia a sangre y fuego.
Me duelen los muertos de la Sierra Maestra, el Escambray, Playa Girón, por una revolucion que no ha realizado nada de lo que prometio y mas tarde los envio a morir en Bolivia, Venezuela, Granada, Angola, Etiopia, Somalia y Yemen, en aras de una solidaridad internacionalista prostituida, que nadie ha sabido apreciar y muchos de los mismos que la recibieron han condenado, una pesadilla megalómana de quienes han sabido tocar y explotar los sentimientos más puros del pueblo cubano.
Espero que se realicen esos cambios o mejor esa marcha atrás sirva para buscar el orden y la riqueza que merece nuestro país y que estoy seguro beneficiara enormemente a mi querido barrio.

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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Camine contigo el barrio que por trece anos tambien fue mio.Me gusto mucho esa epoca 1975/89.
Forme parte de los que refrescabamos las calurosas noches habaneras a la orilla de ese malecon que nos visita en suenos y nunca se diluye, porque forma parte de nosotros.Gracias, y aunque tu amigo no le gusta que escribas de politica te pregunto ,ES POSIBLE RECORDAR NUESTRA PATRIA SIN CAER EN EL TEMA? YO

Anónimo dijo...

Querido amigo Roman:
Debo decirte que me gustó mucho tu artículo sobre tu barrio, pues en su descripción costumbrista me hicistes recordar muchas cosas y lugares que también forman parte de mis buenas memorias.
En el último párrafo de tu artículo creo que distes pie a otro de magna importancia....ya que es cierto que todo lo que pueda hacer el gobierno para mejorar la economía y el país en general, siempre será, sin lugar dudas, dar marcha atrás a la historia. Lamentablemente el pasado, con todos sus defectos, siempre fue mejor que este medio siglo de oscurantismo ideológico y desastre económico, cultural y moral.
Gracias por tu artículo.
Justo Pla