26 jul. 2010

LA MUJER DE MIS SUEÑOS


Con cierta frecuencia alguien me pide que publique algunas de mis poemas que reflejan momentos importantes de mi vida, especialmente los que se relacionan con mi vida sentimental o simplemente mis emociones de hombre sensible tocado en lo hondo por amores y afectos pasados. Son obras que he coleccionado durante años y que he registrado por aquello de los derechos de autor y que actualmente reviso y preparo para su pronta publicación.
Esta vez quiero publicar lo último que he escrito relacionado con sentimientos surgidos hace un tiempo bastante lejano,pues ocurre que navegando por la Internet
y curioseando las diferentes paginas,apareció de pronto ese alguien que siempre estaba tan presente en mi vida, y surgió este poema, que si lo lee sabrá que es para ella y si no será la válvula de escape que me permita de alguna manera expresar lo que siento para mi egoísta satisfacción y disfrute de quienes lo reciban.

LA MUJER DE MIS SUEÑOS

La mujer de mis sueños tiene alas,
Se pasea por los espacios celestiales
Tiene su casa de recreo en la Luna
Regresa a la Tierra de madrugada
Viaja en las palabras de su diccionario
Cuando la miro, sé que es ella
No se parece a nadie en mi hemisferio
Creado por visiones de ilusiones reales,
Viaja sin moverse en vuelos astrales
Su cuerpo maravilloso lo abandona
Para visitar ignotos espacios siderales
Recuerdo tiene alas y mirándola de lejos
Gracias a ella ahora creo en Ángeles
Sus ojos muy negros lo son más aun
Cuando miran y penetran el espacio
Lejano, ignorado, habitado y profundo
Sus visiones no son de este mundo
Son del Universo creado por ella
Con lunas, soles, luceros y estrellas
Gracias a Dios no es virgen ni una santa
Es mucho más, es una mujer muy bella
A quien al mirarla el corazón se excita
Como dijo el cantor:
¡! La mujer de mis sueños no necesita bañarse en agua bendita…"
Roman
Montreal, 25 de Julio 2010

2 jul. 2010

Uno de mis mejores momentos de la infancia




Uno de mis mejores momentos de la infancia fue oír a mis padres recitar a dúo una poesía que siempre que la recuerdo me hace volver a aquellos días tan lejanos.
Cuando fui ya adulto y comencé mis incursiones por los campos de la literatura, y especialmente de la poesía, conocí sus orígenes y la trágica historia de su autor Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (El Cucalambé).
Uno de los poetas que en mi modesta opinión mas y mejor han reflejado la nacionalidad cubana.
El Cucalambé nació en las Tunas de Bayamo, Provincia de Oriente, en Julio de 1829 y desapareció en 1862 posiblemente asesinado por estas cualidades que lo distinguían de quienes aun servían al colonialismo hispano sin reflejar los valores de la cultura cubana que había mucho tiempo ya comenzado a manifestarse con fuerza propia.


HATUEY Y GUARINA


Con un cocuyo en la mano
Y un gran tabaco en la boca,
Un indio desde una roca
Miraba el cielo cubano.
La noche, el monte y el llano
Con su negro manto viste,
Del viento al ligero embiste
Tiemblan del monte las brumas,
Y susurran las yagrumas
Mientras el suspira triste.

Lleva en la frente un plumaje
Morado como el cohombro,
Y el arco que tiene al hombro
Es de un vástago de aicuje.
Aunque es un pobre salvaje
Y angustia cruel lo sofoca
Donde gime sin consuelo,
Los ojos fija en el cielo
Y a Dios en su ayuda invoca.

Oye el rumor de los vientos
En los atejes erguidos,
Oye muy fuertes crujidos
De los cedros corpulentos:
Oye los tristes acentos
Del guabairo en el corojo,
Y mientras su acervo enojo
Reprime con gran valor,
Siente a sus pies el rumor
De las aguas del Cayojo.

Un silbido se escapó
De sus labios, y al momento,
Con pausado movimiento
Una indiana apareció.
Cuando a la roca subió
El indio ante ella se inclina,
Fue su frente peregrina
El imán de su embeleso,
Oyóse el rumor de un beso
Y la dijo: -“ ¡Adiós, Guarina!”

-“ ¡ Oh! no, mi bien, no te vayas,
Dijo ella entre mil congojas,
Que tiemblo como las hojas
De las altas siguarayas.
Si abandonas estas playas
Si te separas de mí,
Lloraré angustiada aquí
Cuando tu nombre recuerde
Como el pitirre que pierde
Su nombre en el ponasí.

“¿ Qué será de tu Guarina
Sin tu amor, sin tu ternura?
Flor del guaco en la espesura,
Palma triste en la colina,
Garza herida por la espina
Del yamaquey en la rama
Y cual la triste caguama
Que a los esteros se zumba,
Lloraré y será mi tumba,
La Ciénaga de Virama.”

Oyó el indio enternecido
Tan triste lamentación,
Palpitó su corazón
Y se sintió conmovido.
Ahogó en su pecho un gemido
La viramesa infelice,
Y el indio que la bendice
Y más que nunca la adora
Las blancas perlas que llora
Enjuga tierno y le dice:

- “ ¡ Oh, Guarina! Ya revive
Mi provincia noble y bella,
Y pisar no debe en ella
Ningún infame caribe.
Tu ardiente amor no me prive,
Mi Guarina, de ir allá,
Latiendo mi pecho está
Y mis sentidos se inflaman,
Porque a su lado me llaman
Los indios de Guapajá.

Yo soy Hatuey, indio libre
Sobre tu tierra bendita,
Como el caguayo que habita
Debajo del ajenjibre.
Deja que de nuevo vibre
Mi voz allá entre mi grey,
Que resuene en mi batey
El dulce son de mi guamo
Y acudan a mi reclamo
Y sepan que aún vive Hatuey.

¡ Oh, Guarina! ¡Guerra, guerra
Contra esa perversa raza,
Que hoy incendiar amenaza
Mi fértil y virgen tierra!
En el llano y en la sierra
En los montes y sabanas
Esas huestes caribanas
Sepan al quedar deshechas,
Lo que valen nuestras flechas,
Lo que son nuestras macanas.

Tolera y sufre, bien mío,
De tu fortuna el azar,
Pues también sufro al dejar
Las riberas de tu río
Siento dejar tu bohío,
Silvestres flor de Virama,
Y aunque mi pecho te ama,
Tengo que ser ¡ oh dolor!
Sordo a la voz del amor,
Porque la Patria me llama.”

Así dice aquel valiente
Llora, suspira, se inclina,
Y a su preciosa Guarina,
Dio un beso en la tersa frente.

Beso de amor, beso ardiente,
Sublime, sonoro y blando.
Y ella con otro pagando
De su amante la terneza,
Alzó la negra cabeza
Y le dijo sollozando:

-“ Vete, pues, noble cacique,
Vete, valiente señor,
Pues no quiero que mi amor
A tu Patria perjudique;
Mas deja que te suplique,
Como humilde esclava ahora,
Que si en vencer no demora
Tu valor, acá te vuelvas,
Porque en estas verdes selvas
Guarina vive y te adora.”

-“ ¡ Sí! Volveré, ¡indiana mía!”,
El indio le contestó,
Y otro beso le imprimió
Con dulce melancolía
De ella al punto se desvía.
Marcha en busca de su grey,
Y cedro, palma y jagüey
Repiten en la colina,
El triste adiós de Guarina,
El dulce beso de Hatuey.