4 jul. 2009

!Qué bueno, hoy es sábado!

Me gusta el sábado. No crea nadie que por motivos culturales, étnicos o religiosos. Me gusta simplemente porque es el primer día de descanso de la semana, porque es el día de jugar la lotería y hasta que no dan los resultados, en la noche, me siento potencialmente millonario.

Porque si, me gusta disfrutar los sábados, aunque los domingos tenía por costumbre irme a desayunar a mi Habana Vieja, mucho antes de que “Don” Eusebio Leal la descubriera.
En mis recuerdos de estudiante siempre sonrío para mis adentros cuando viene a mi mente esta preferencia por el día sábado.
Estábamos estudiando Lengua y Literatura Árabe, en la Universidad del Cairo, cuando un poco por “barcos” y jarana comenzamos a decir que nosotros éramos muy respetuosos y por tanto guardamos el día de descanso de todas las religiones que allí se practicaban. Nuestra semana se convertían así en la más corta de todos los estudiantes y sólo teníamos actividades de lunes a jueves, pues el viernes es el “Goma’a”, día de descanso de los Musulmanes, el sábado es el “Sabbat” de los Hebreos y el Domingo es el día festivo de los Cristianos.
Demás está decir que la práctica de la religión, es algo importante en los países Orientales. Como nuestra afirmación se relacionaba con la observación del dia festivo de cada religión,la pregunta obligada era cual era nuestra religión,nuestra respuesta era que éramos Ñáñigos,
que no siendo realmente una religión si se relacionaba con las raíces de la cultura cubana.
En aquellos tiempos estábamos muy inmersos en la doctrina ateísta como parte del proceso adoctrinamiento filosófico marxista de nuestro país, no como hoy, que según el Partido Comunista Cubano, un militante comunista puede ser practicante de cualquier religión, tema que prometo comentar en alguna ocasión.
De esta manera nos evitábamos entrar en contradicciones de tipo religioso, además que la base inicial era una broma nuestra y no se ajustaba realmente a nuestra vida real en el Egipto,pues debido a que los tres estudiantes que estábamos éramos graduados de la Licenciatura en Diplomacia, el tiempo libre de los estudios debíamos so dedicarlo a hacer trabajo voluntario en la sede la Embajada de Cuba en Egipto, exigencia del Embajador José Luis García Guitar quien decía no quería estudiantes puros allí y que todos teníamos que hacer algo, aunque fuera perder el tiempo, pues generalmente no hay mucho trabajo que hacer en la Embajadas salvo las gestiones representativas del cargo, no como en las Oficinas Comerciales y los Consulados que si realizan muchas y más variadas tareas de transacciones comerciales y documentación.
Lo demas es bla bla bla...

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