13 jul. 2009

Las dos riquezas

Meditacion



Hablando de la riqueza pienso que hay dos formas de ella. Una material y otra espiritual.La primera va y viene con los giros que de la vida y son solo valores de intercambio que el hombre ha creado.
Para mí no tiene mucho valor este tipo de riqueza, aun cuando es necesaria para subsistir, o quizás mejor para supervivir.
Si aprecio mucho la otra, la que germina y crece con el tiempo en nuestra alma, que algunos piensan que viene de un soplo de seres divinos,cuando la aumentamos y hacemos crecer con nuestras buenas acciones es cada vez mayor y se escribe en un libro lleno de notas diarias.
Es un libro que escribimos cada día con nuestras acciones, unido a algo que estaba ya escrito en parte antes de nuestro llegada al mundo y que nosotros hemos enriquecido.
Si lo alimentamos con bondad cada día crece y es mayor, de nosotros depende su crecimiento y de lo que allí se escriba. No es cosa del destino como piensan algunos.
Somos nosotros los arquitectos de nuestra propia obra personal.
No importa que por el instante solamente nosotros lo leamos cada vez que abrimos nuestros ojos al nuevo día.
Lo escrito allí, cuando lo leemos, nos dará alegría o pesares, pero siempre nos dejara un mensaje para seguir viviendo y continuar nuestra escritura.
Solamente cuando nuestra envoltura carnal se corrompa dejaremos de escribir y otros, entonces, lo leerán recordando nuestro paso junto a ellos.
Si lo que escribimos fue merecedor, todos guardaran ese libro y escribirán, en su propio libro, quien eras y que escribiste. Si lo que escribimos fue maligno, degradante de la naturaleza humana, entonces quemaran el libro y nuestra riqueza se convertirá en humo, solamente humo y cenizas.
Permitanme hacerles un corto relato, como mucho de personal, quizás pueda ilustrar lo que dije.
No pretendo sea ejemplo, solo elementos para que analices por ti mismo, pues es posible que yo no tenga razón en lo que digo.






Los Hermanos enriquecidos


Había una vez dos hombres que eran hermanos y aunque se amaban profundamente eran totalmente diferentes.
El mayor, desde su más tierna infancia era temeroso de la pobreza. Luchó a brazo partido con la vida hasta lograr acumular riquezas, suficientes para sentirse tranquilo. En su juventud, cuando era pobre hizo muchos amigos que lo apreciaban tanto como él a ellos. Era feliz al punto que olvidó aquel hermano que también había salido luchar por subsistir. Lo consideraba débil y no apto para luchar a su lado, cuando lo veía solo criticas le hacía ostentando lo logrado.
Un día sus amigos partieron y los siguió en la aventura, pensado que el triunfo estaba allende de los mares.
Al arribar al nuevo puerto siguió su lucha con la vida y cada vez su fortuna se hizo mayor. En poco tiempo alcanzó superar lo que tenia y tuvo mucho más de lo que nunca hubiera necesitado.

Muchos de sus amigos fracasaron y cuando se acercaban a él era pedirle algo de lo que había acumulado.
Llegó el momento que ver un viejo amigo era una amenaza para su bolsillo y comenzó a evitarlos.
Hizo nuevos amigos, pero un día pensó que eran tan aprovechados como los viejos y decidió abandonarlos, hasta que determinó acogerse al retiro que bien se merecía.
Tratando de vender sus posesiones, alguien quiso cobrarle un alto porcentaje por la venta de lo que solo a él pertenecía. No era tanto comparable con lo que había acumulado, pero aun temía a la pobreza. Se molestaba solo de pensarlo, tanto que confesó a alguien su inquietud con palabras muy quejosas:
¿Por qué cuando alguien reúne algo, los demás solo tratan de quitarle lo que tiene?
Ya no era feliz aunque era rico. Ya no tenía amigos que lo amaran, solo sirvientes que cuando podían le robaban, su propia esposa solamente esperaba el día en que pudiera apoderarse de sus logros y su propia amante le temía.
Su hermano por su lado se dedico a cultivar su espíritu y supero de cierto modo su ignorancia, enriqueciendo su mente con las obras creadas por los grandes
y artistas, al mismo tiempo, logró vivir compartiendo un poco de lo que sabía y sirviendo a quienes solicitaban sus servicios, pudo conocer el mundo y viajó e enriqueció sus ojos con los más bellos paisajes en su camino. Cultivó su espíritu y logró calmar sus ansiedades y sus temores, comprendió que la vida es bella cuando la vivimos compartida.
Amó a los seres humanos como a su propia familia y desterró de su alma el egoísmo, rechazando la injusticia, la desigualdad y el abuso.

Ya anciano era feliz disfrutando de sus recuerdos, escribiendo y revisando libros. No se arrepentía de su vida y deseaba seguir viviendo para dar más de lo que tenía.
Sabia, que el día que su carne se convirtiera en polvo, que su única riqueza quedaría en el recuerdo de quienes disfrutaran la riqueza de sus valores y escribieran en sus libros quien había sido.



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