10 jun. 2009

UN DIA DIFERENTE A LOS DEMAS.



Estos días son para mi motivo de profunda reflexión relacionada con mi padre.
Un día como hoy, hace 32 años su envoltura carnal se transformó para convertirse en recuerdos solamente. Ese día sentí que había pedido un gran apoyo. A partir de ese momento era como si sólo tuviera detrás de mi un gran vacío.
Mi padre no era un ser excepcional. Era un hombre como tantos otros, sin muchas historias que contar salvo las que se relacionaban con sus experiencias como escolta de las prisiones de Cuba durante 45 años.
Su antecesores mas lejanos fueron Cayetano Rodríguez, un indígena centroamericano capitán de barcos y Manuel (Linares) Acosta un lugarteniente del Rey, de los Campos de Cuba, y entre los mas próximos un cura de origen vasco, el único sacerdote español independentista de Cuba, el Padre Arocha, y un Sargento de las fuerzas mambisa quienes colaboraron con el General José Antonio Maceo y Grajales en la invasión de Pinar de Río.
Una familia sin blasones de nobleza ni nada remarcable al no ser aquel Sacerdote recordado con un pequeño busto en el parque de Artemisa y el Sargento Mambí que tuvo un serio incidente con Maceo.
Era un hombre del pueblo, sin vicios, aparte de su eterno cigarrillo y su taza de café. Reidor, cuentero, decían mis tíos que mitómano.
Era un gran admirador de las mujeres. Cos salidas picantes sabía como acercarse a ellas y captar su admiración.
Amado, que era su nombre, le hizo mucho honor haciéndose querer por las lindas criollas que sin ser un Adonis le amaban, su presencia desprendía una fuerza viril difícil de ignorar.
Prueba de sus conquistas fueron sus varios matrimonios con diferentes parejas, hasta que llegó la que cortó sus alas y lo hizo aterrizar en sus brazos hasta el último día de su vida. Como esposo fue más o menos como la mayoría de los cubanos, una mezcla de machismo y tolerancia difícil de diferenciar.
No era un gran patriarca ni tampoco el más democrático de los maridos, quizás por su origen campesino le gustaba llevar las riendas del hogar, pero acostumbraba a decir, como ex militar, que su mujer era su sargento mayor.
Era en gran aprovisionador y de una forma u otra, a pesar de las dificultades económicas en que han vivido siempre la mayor parte de las familias cubanas, nunca faltó el plato de comida en nuestra mesa, a no ser por la pereza culinaria de nuestra madre que prefería leer en ingles y fumar cigarrillos que preparar la comida para los hijos.
Un incidente marcó esta situación cuando un día Ramón, mi hermano mayor, se quejó de ser alimentando día por día con queso, dulce de guayaba y el refrescos y quería comer comida caliente, lo que muchos cubanos llaman “comida de caldero”,lo contrario de las comidas rápidas que sirven sólo para calmar el apetito pero no para satisfacer a los bon gourmet como mi hermano, que ya comenzaba, con apenas 10 años, a mostrar sus exigencias alimentarías.
Mi padre no reaccionó de mala forma ante la evidente negligencia materna, solamente salió y fue al Mercado Único, un mercado donde tradicionalmente se abastecían los habaneros de productos alimentarios, situado en las calles de Monte y Cristina, de los Cuatro Caminos, y compró dos grandes gallinas y papas y nos regaló con un sabrosísimo plato de gallina asada en cazuela.
Mi hermano Ramón, que siempre contaba en su dieta diaria con su plátano manzano, debido a sus problemas de constipación, que de mayor se refleja especialmente en lo relativo a sus operaciones monetarias, hoy afirma no recordar esta anécdota, que a mi siempre me quedó como un ejemplo de la siempre presencia de mi padre en los casos de emergencia familiar.
Mi padre, como muchos cubanos, era un magnifico cocinero que los domingos tomaba por asalto la cocina para confeccionar sus platos favoritos, regularmente rabo encendido, frijoles negro y arroz blanco.
Uno de esos domingos se puso de manifiesto su agilidad mental y su apego a las féminas. Una vecina, de esas que son como parte de la familia, atraída por el olor de las especies entró a la casa y le dijo, risueña y burlona:
- Amado, no sabia que te gustaba comer rabo!
A lo que mi padre contesto inmediatamente:
-Si me gusta pero no el mismo que ti!
En ese momento entró a mi madrastra y ahí mismo termino la simpática conversación entre mi padre y la vecina.
Como padre sus consejos tomaban una modalidad muy especial. No exigía el cumplimiento de sus consejos, solo explicaba y al final te decía ahora tu haz lo que te parezca mejor.
Eran los últimos meses del año 1957 cuando una noche fui a verlo a su trabajo como guarda jurado del Club Turf en la Avenida del Malecón habanero.
Mi objetivo era pedirle su opinión sobre las situación que vivíamos ante terrorismo revolucionario y la represión de las fuerzas armadas del gobierno de Batista y mis intenciones de irme a la Sierra Maestra para combatir contra el gobierno.
Mi padre calló por unos instantes y dijo que tenia dos opciones, si me iba a la Sierra quizás me pudieran matar, un riesgo que ya yo había calculado y no me preocupaba, pues a esa edad la vida no es muy importante, y la otra que si quedaba con vida no recibiría ningún beneficio, y que sólo los que dirigían ese movimiento contra el Gobierno se beneficiarían y al final lo harían igual o peor.
Que me fijara en la historia de mis tíos Nemesio y Justo que junto con otro hermano se habían parapetado en el Hotel Nacional, opuestos al Golpe de Estado del 4 de septiembre de 1934, del Sargento Fulgencio Batista y Zaldívar, después de la caída del General Gerardo Machado, y quienes lo perdieron todo y jamás habían recibido ningún tipo de compensación por sus actitud en defensa de la legalidad del gobierno.
Que yo hiciera lo que me pareciera mejor, pero esa era su opinión.

Sus palabras me hicieron recordar mis años de adolescente cuando en La Habana, era un peligro andar por las calles por los tiroteos entre los grupos armados y las organizaciones de los diferentes grupos que habían luchado contra el Machadato quienes se mataban entre ellos para obtener beneficios del gobierno de Ramón Grau San Martín y Carlos Prio Socarras.
Decidí seguir sus consejos y aunque alguna vez pensé que no había hecho bien, hoy veo que tenia razón donde muchos de los que lucharon en la Sierra Maestra y el Escambray han sido devorados como los hijos de Cronos y eliminados lentamente, por una causa u otra, por un sistema radical que no perdona nada que ponga en juego los intereses de la elite dominante.
Como digo siempre, no los puse ni tengo medios para quitarlos, y además no tengo fé en los que vendrán después.
Seria necesario un proceso de rectificación profunda de los múltiples errores cometidos lo único que podría salvar el futuro de un país con múltiples recursos y mano de obra altamente calificada.
Volviendo a mi tema inicial diré que mi padre me dio algunos buenos consejos a su manera sencilla y veces muy dura.
No puedo decir que su mano nunca se levantó para castigarnos a mi hermano y a mí, fueron varias y bastante fuertes sus reprimendas.
Muchas veces sentíamos más temor que respeto ante su presencia.
Qué podíamos esperar de quien sufrió en carne propia maltratos que le hicieron huir de su casa siendo solamente un niño.
Qué se puede esperar de una sociedad que tiene como precepto de “que con sangre la letra entra”.
De una nación surgida de la mano de obra esclava y el esclavista abusador.
De una sociedad donde la religión tuvo como base la inquisición y la tortura contra su pueblo. Nada.
La violencia era un reflejo de todas las relaciones en la vida de la gente.
Cómo podía un padre de familia escapar a esa norma establecida ancestralmente desde la época del patriarcado? No tenia escape posible.
Seguia la norma o sus propios hijos lo eliminarian como ente dominante de la familia.
Uno de sus consejos era de jamás pegarle a otro más pequeño que nosotros, ni abusar de nadie y no fajarse entre hermanos.
Un día en una riña callejera me tuve que pelear con otro muchacho que todas las mañanas se interponía en mi camino.
Le pegué con rabia, me senté encima de él, su madre me pegó con un palo de escoba y me amenazó con decirlo a mi padre. Durante años tuve sus uñas marcadas en mi cara y aun conservo algunas marcas.
Inmediatamente, ante las amenazas salí corriendo al trabajo de mi padre en la cárcel de Santis Spiritus y le conté lo que había pasado.
Su única pregunta fue si el muchacho era más chiquito que yo.
Le dije que no, lo que era cierto y me dijo, eso está bien lo hombres no se deben dejar abusar.
Nunca he pegado a nadie mas débil que yo, no he abusado a nadie, pero hasta hoy siempre he tenido muchas diferencias con mi hermano a pesar del gran amor que sentimos mutuamente, me gustaría compartiéramos estas notas, pero lo dudo mucho pues hace dos años no tengo noticias suyas.

Mi padre cambio de forma de vida en vísperas del Día de los Padres en 1977.
Ese mismo día me invitó a comer en su casa el Día de los Padres, a instancias de mi madrastra que decía que en la familia había cuatro padres que todavía vivíamos en Cuba y debíamos reunirnos para celebrar.
Yo estuve de acuerdo con ella, pero desde aquella fecha, nunca he celebrado el Día de los Padres.
El Padre Mayor se había ido, desde ese momento el Dia de los Padres es para mi UNDIA DIFERENTE A LOS DEMAS.

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