16 abr. 2009

Un Año Más


Hoy hace 19 años que decidí quedarme en Canadá luego de un viaje turístico a la antigua URSS hoy rebautizada Rusia, después de su salida definitiva del sistema seudo marxista creado por Yussef Dugasvili, alias “Stalin”, un georgiano, que según el líder de la Revolución de Octubre nunca debió ser sucesor suyo, un tema del que pudiéramos escribir años y que en definitiva ya no vale la pena.
Realmente prefiero escribir sobre mí y contarles como se produjo este suceso tan importante de mi vida, quizás con menos pasión y más racional que nunca.
No soy, como alguien alguna vez pensó, un ser humano afectado por la nostalgia, poseo una capacidad de adaptación extraordinaria que no le permite manifestarse a pesar de mi idealismo romántico y que me da la posibilidad de ver el mundo con ojos y alma de niño, tal y como decía mi querido padre.
Con el tiempo me han ido surgiendo nuevas razones para estar más satisfecho de mi decisión,fuertes motivos que no me permiten ningún tipo de arrepentimiento.
Como dije en mi nota anterior, aquella acción se originó en un pasado más lejano, que hoy desde mi actual visión del mundo, no por más madurez sino por menos impedimentos para expresar mis ideas, puedo analizar con más objetividad.
La noche de 31 de diciembre de 1958, se produjo la huida del general Fulgencio Batista Zaldivar como consecuencia de la lucha desatada por los grupos revolucionarios enfrentados al sistema batistiano, y principalmente la traición de sus generales, que esperaban ser bien acogidos por el Ejecito Rebelde, comandado por Fidel Castro, y seguir disfrutando de sus privilegios bajo el nuevo régimen que estaba por surgir.
Sin estos dos factores conjugados hubiera sido muy difícil que el Ejercito Rebelde hubiera obtenido tan rapidamente la victoria total, pues sus fuerzas no eran tan numerosas ni tan bien armados como las tropas del Ejército de la Republica.
Las tropelías cometidas por las fuerzas represivas del gobierno y el terrorismo revolucionario, con el pueblo avasallado y aterrorizado por ambas partes, reforzó los deseos de liberarse de la inseguridad y el miedo, lo que dio como resultado la gran explosión de entusiasmo de los cubanos ante la huida de Batista y sus principales seguidores.
Aquella nueva situación cambio todos mis planes, tanto como la de muchos cubanos de aquel tiempo. Después de muchos esfuerzos para ahorrar el dinero, había sacado mi pasaporte con la llamada V-29, una visa turística, para viajar Los Estado Unidos de Norteamérica, con el propósito de quedarme en Miami, y siguiendo la trayectoria de mi hermano Ramón, que era mi ideal de realización personal de aquellos tiempos, estudiar el idioma inglés y las artes de la peluquería que ya había comenzado en la Escuela de Peluqueros de San Lázaro y M.
Mi hija Xiomara cumplía años el día 8 de Enero y quería celebrarlo junto a ella antes de emprender aquella aventura, que no tenía ni la más remota idea de adónde me podía llevar. Ese infortunado día hasta los aeropuertos los cerraron, como dijo mi difunto amigo Carlos Puebla, “llegó el Comandante y mandó a parar”.
Un poco sin saber qué hacer, no tenía trabajo, y ya me había despedido de todo el mundo, conocí al marido de una amiga mía, el cual era corneta del Estado Mayor de la Marina de Guerra.
Al explicarle mi situación me aconsejó participar en una convocatoria para formar el Grupo de Honores y Ceremonias de la Marina, una idea que me agradó mucho pues resolvía todos mis problemas económicos.
Después de pasar un riguroso examen físico y académico logré entrar al curso que pasamos en la Academia Naval del Mariel, un ambiente muy refinado por ser la Escuela de Guardiamarinas, donde se formaban los hijos de la burguesía criolla y de otros padres que mediante ciertos servicios se les facilitaba el ingreso de sus hijos a la Academia.
Era una escuela de un elevado nivel técnico, que se ha mantenido siempre, muy semejante a las Escuelas Navales de los Estados Unidos de Norteamérica.
Los guardiamarinas aprendían allí incluso la educación formal necesaria a un oficial de la marina, sus comedores eran semejantes al de los mejores restaurantes que luego he tenido la oportunidad de conocer, con copas, cubiertos de plata, servilletas y manteles de hilo, servidos por marinos uniformados.
Terminé mi formación militar, con anécdotas muy propias de mi distracción habitual, como aquella mañana que no oí la voz de girar a retaguardia y continué marchando de frente, y cuando me di cuenta que iba solo lo único que pensé era que todos se habían equivocado menos yo, algo que sucede a muchas personas en la vida diaria, incpaces de reconocer sus propios errores.
Desde niño había sentido vocación por ser marinero, quizás por la influencia de mis antecedentes familiares, que aunque eran marinos de la pesca y el cabotaje estaban muy vinculados a la mar. Me sentía muy bien con aquel giro que había dado mi vida.
Cuando nos graduamos fuimos ubicados en Malecón y San Pedro en la Habana Vieja, un barrio que conocía como la palma de mi mano, y designados como la guardia militar de ese lugar donde estaba el Estado Mayor de la Marina y el Ministerio de la Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR),
Los sueños de realizar nuestras coreografías de Honores y Ceremonias quedó reducido al último lugar, se impusieron las guardias de 24 horas en las esquinas del edificio del EMG, y en las casamatas en el sótano, donde los que teníamos la suerte de ser designados allí, podíamos dormir y leer tranquilamente sin ser molestados.
Nuestro pelotón era muy heterogéneo, estaba formado por combatientes de la Sierra como Francisco Villanueva, “Pancho Villa”, ex-jefe del pelotón de fusilamiento de la Cabaña y enviado allí, para de cierta manera liberarlo de su obsecion por vengar el sufrimiento de su hermano el Comandante Omar Villanueva, quien quedó parapléjico en el ataque al Tren Blindado de Santa Clara.
Muchos estudiantes que habían sido atraídos por aquello de Honores y Ceremonias, como Pedro Díaz, un estudiante de medicina, evangelico, que hacía gala de ser virgen a sus 20 años, y que se preparaba para contraer nupcias, y así liberarse de las ataduras morales de su religión, y otros como Antonio Hurtado “Moño”, Abelardo Lamar, Eduardo Díaz Martínez, todos más tarde graduados como doctores en medicina.
Pertenecían al peloton varios jóvenes enviados por la Juventud Socialista, que ya comenzaba a infiltrar las instituciones oficiales del país, y quienes paulatinamente han alcanzado posiciones importantes dentro del gobierno, como Ricardo Cabrisas, otro estudiante de medicina que temía ser detectado por Fidel por haber abandonado la carrera en cuarto año, cumpliendo instrucciones de su organización.
Cabrisas fue rechazado en el examen físico por tener un varicocele, es decir várices en un testículo, que inmediatamente con sus contactos como alumno de medicina se hizo operar, y regresó después para integrarse al grupo y pasar la escuela con nosotros.
Se ganó la admiración de todos por su persistencia que nosotros ignorábamos fuera una orientación política, y nada personal. Muchas veces conversé con él sobre su antepasado el poeta Hilarión, pero jamás mencionó nada de su filiación política, y puedo decir que era un joven muy sonriente y educado. Sin embargo, y no por falta suya, vale decir que cuando se cumplieron los 25 años de la fundación de Marina de Guerra Revolucionaria a nosotros, los llamados fundadores, nos reunieron y nos dieron un diploma, el mío por ejemplo, erroneamente a nombre de mi hermano Ramón, peluquero, totalmente alérgico al pescado y a la mar.
Ricardo Cabrisas, en esa fecha ya era Ministro de Comercio Exterior, y su diploma
se lo entregaron en un acto frente al Museo de Bellas Artes,junto al famoso yate “Granma”. Un acto de la guataquería criolla. Conociéndolo cómo lo conozco estoy seguro se hubiera sentido quizás mejor con nosotros sus antiguos compañeros de armas. Pero este hecho me hizo pensar que el sentido de clase era, fue y será muy difícil de eliminar, gracias al espíritu sumiso de quienes ven las diferencias en el poder, sea económico, social o político, y que evidentemente no ha sido posible de eliminar aún en la construcción del socialismo. Hoy Ricardo Cabrisas, es Vicepresidente de Cuba.
Otro personaje, muy abierto en sus ideas políticas, y que difícilmente podía ocultar, sus padres eran militantes comunistas muy conocidos, era Andrés Secundino Palenque, a quien llamábamos “El Oso”.
Palenque estaba muy bien informado, posiblemente por sus padres, así un 4 de abril de 1961,fecha de la fundación de la Unión de Pioneros de Cuba, me dijo con gran alegría:
“Hoy el Comandante Fidel abrazó la bandera de los trabajadores. El Compañero Blas Roca le dijo que él era único que estaba capacitado para ser Secretario General de los Comunistas cubanos, que por tanto le entregaba su cargo de Secretario General del Partido Socialista Popular y ponía en sus manos la bandera de los trabajadores”.
Esto me lo dijo el Oso días antes de la invasión de Playa Girón, y del famoso discurso del Cementerio de Colón donde Fidel Castro declaró el carácter socialista de su revolución, que ahora, por casi un acto de magia no era verde como las palmas y más bien roja por dentro y por fuera.
Recuerdo que un día fui con Palenque a matricularme en un curso de preparación para ingresar a la Universidad, cuando cruzamos el Parque de las Misiones, frente a la terraza norte del antiguo Palacio Presidencial, se me ocurrió preguntarle quienes eran Carlos Marx, Lenin, Stalin, su primera reacción fue de sorpresa, luego de duda y al final no me dio ninguna respuesta.
Me imagino que si estaba haciendo labores de captación conmigo aquel día le di la sorpresa de su vida, no se acercó más a mí. Quizás pensó que yo era un agente de la CIA.
Fueron diversas la experiencias difíciles que me tocó vivir en el camino que recorrí, no lo siento pero pienso que hubo algunas innecesarias que se pudieron evitar. Por ejemplo, el recorrido que hicimos a pie por la Ciénega de Zapata, cuando no había ni rastro de posibles invasiones, la subida al Pico Turquino en tenis, no tenía botas, calculada para dos días de recorrido y que gracias al desconocimiento del terreno que tenían nuestros oficiales, que no tomaron cuenta las subidas y bajadas, nos demoramos 4 días para llegar al Pico Cuba y de ahí al Turquino para luego subir la Loma de la Vela para llegar hasta las Minas del Frío.
De aquel recorrido no olvido cuando Luís Mendoza, un guardiamarina, me pidió le entregara mi arma, un revolver 38 S.W, porque tenían sospechas que los oficiales se llevarían el barco para Miami y el político, que comenzaba a hacer sus primeros méritos como dirigente, organizó una demostración de fuerza tirando cortinas de humo en la Bahía de Guantánamo, frente a lo que él llamó el último reducto del imperialismo en Cuba. Ridícula y fragrante provocación, mientas estábamos rodeados de las fragatas y los barcos de guerra norteamericanos. Una situación realmente rocambolesca.
Recuerdo muchas cosas de los primeros años, alguna de importancia y otras más o menos importantes como mis primeras Navidades acuartelado, y separado de mi familia por la toma de posesión de nuevo presidente norteamericano.
Los atrincheramientos en los arrecifes de Cabañas y Mariel, en la espera de un enemigo que nunca llegó. La frustración de mis estudios en Egipto por un capricho del embajador. El cambio obligado de Pedagogía para Psicología, porque no se avenía con mi trabajo en la Televisión, la falta de cooperación a todos los niveles para hacer programas de valor didáctico mientras se daba todo tipo de facilidades a los programas de entretenimiento. Experiencias que iban mellando, anulando, mi enstusiasmo revolucionario.
A pesar de todo cumplía mis tareas sin jamás tener una crítica ni ningún tipo de sanción, me mantenía trabajando resposablemente y cumpliendo con mis deberes, hasta que un día solicité la plaza de Director de Relaciones Públicas de la Televisión y se me contestó que a pesar de mi experiencia y mi formación profesional, graduado de Ciencias Políticas y Psicología Social,dopmiando varios idiomas, no se me podía otorgar pues eran plazas reservadas a los miembros del Partido, es decir nomenclatura del Partido, y yo no podía ocuparla.
Una evidente discrimainacion laboral por razones ajenas a la competencia del candidato y que podia haber sucedido en cualquier otro tipo de sociedad sometida a intereses de grupos o organizaciones dominantes, una negacion total de los principios fundamentales de una sociedad socialista.
En varias ocasiones por mi actitud responsable y cumplimmiento laboral había sido invitado a ingresar en las filas del Partido, y siempre pedí fuera pospuesto por razones de índole estrictamente personal, que no quise explicar por lo que eso podía conllevar, alegando solamente mis problemas de salud. En realidad también tenia contradicciones con los problemas de creencias religiosas,que prácticamente no podía manifestar, y mis propias ideas e interpretaciones de la conceptos ateístas de Carlos Marx, los que he estudiado profundamente.
Tenia en ese tiempo muchas contradicciones con el sistema imperante, y no estaba de acuerdo con muchas versiones oficiales que podían ponerme en evidencia como libre pensador o quizás revisionista de la doctrina marxista.
Entre esas contradicciones filosóficas estaban mis reservas con los aportes de Lenin al marxismo y su aplicación tanto en la URSS como en Cuba y otros países socialistas.
En mi pensamiento se manifestaban toda una gama de ideas que de exponerlas se podían catalogar como diversionismo ideológico, por los ideologos del Partido Comunista Cubano, sin ninguna disponibilidad para oir opiniones que no se ajustaran a los patrones establecidos,a veces a niveles de manuales, a partir de conceptos dogmáticos, y sin mucho analisis de nuestras propias condiciones como pais tropical y occidental.
No hubiera querido extenderme en estas notas innecesariamente, pero hay veces que es difícil decir sintéticamente todo que uno desea comunicar, sobre todo cuando se trata de hechos importantes de nuestra vida.
Estas son mis razones y respeto las suyas para quedarse o irse. Será el tiempo quien decida quien tenía o no razón.
Para mí hace ya 19 años que me fui de Cuba,antes fueron 32 esperando para irme. Al fin hice lo que hubiera debido hacer mucho antes en el primero de mis viajes: ¡Quedarme!

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