4 abr. 2009

Interrupciones


Hoy es como la décima vez que debo introducir el nombre del blog para poder continuar escribiendo lo que realmente no es muy agradable.
Agreguemos a esa pérdida de tiempo las diversas interrupciones familiares para comentar algún incidente sin importancia alguna.
Realmente esto pone a prueba mi paciencia y me doy cuenta no es tan grande como yo creía.
Recuerdo que en los años 62-65 era yo alumno de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de La Habana, y era mi profesor de Marxismo y Materialismo Dialéctico Jesús Díaz, con el tiempo destacado escritor cubano contemporáneo, ya fallecido en España.
De Jesús Díaz, mi admirado profesor, tengo muy hermosos recuerdos, de su paciente forma de explicarnos aquella materia, difícil de comprender para los no iniciados en las abstracciones de la filosofía. Jesús Díaz era, junto a nuestra profesora de Ingles, Liana de Armas, el profesor mas joven de nuestro curso.
Nosotros, tan jóvenes como él, nos sentíamos en sus clases como si fueran las explicaciones de un amigo personal, asistíamos a sus cursos siempre y muchos domingos lo dedicamos a los repasos que hacia sin ser renumerado por ello.
Así las cosas, entre el profesor y los alumnos se establecieron lazos de afecto y admiración, que sobrepasaban los de un simple docente, para sentirlo casi como un guía casi espiritual.
En aquellos tiempos yo trabajaba como redactor de la Revista Pionero, para un público infantil, y hacia mis primeros esfuerzos en campo de la literatura para adultos.
Un día había escrito un cuento con un matiz costumbrista, pues se trataba de un tema sobre las relaciones entre los miembros de la Secta Abakua y sus creencias religiosas, y pensaba que no era muy adecuado visto desde un enfoque materialista. Con aquella preocupación en mi mente, me voy a repasar mis notas de curso y estudiar en la biblioteca de la Escuela de Ciencias Políticas.
Para mi suerte, y su desagrado, allí estaba sentado escribiendo Jesús Díaz.
Sin pensarlo me alegre mucho y le interrumpí para preguntarle sobre mis dudas filosóficas. Jesús pacientemente me explico que no tenía porque preocuparme, pues eran cosas que existían en nuestra cultura y era yo quien debía decidir si escribía o no haciendo referencias a ellas.
Contento y satisfecho de sus consejos me retiré y lo dejé tranquilo.
Unos días después, a causa de su libro “Noches y Días “le hicieron una entrevista la cual, solamente por tratarse de mi estimado profesor, devoré con ansiedad.
Cuando termine de leerla me sentí realmente frustrado y molesto. Entre las diversas y muy satíricas respuestas de Jesús hubo una que me tocó directamente. El periodista le preguntaba sobre sus mas significativas experiencia en la creación de su libro, y cómo habían influido en su obra.
Su respuesta se refirió a la molestia que sentía cuando estaba escribiendo o investigando algo en la biblioteca y venían algunos a hacerle preguntas o consultas interrumpiendo su labor como creador.
Yo me sentí retratado en cuerpo y alma, y cogí tal berrinche que mas nunca le pregunte nada ni siquiera nivel de curso.
Habitualmente me dedico a escribir y leer durante largas horas sin interrupción, que se han incrementado ahora que he comenzado a escribir estas notas diletantes, pero en esto días, en mis predios donde he organizado un pequeño estudio para mi recreación literaria hay más actividad que en otras ocasiones, y entiendo mejor las quejas de mi siempre recordado profesor.
Comprendo mejor el significado de las interrupciones cuando estamos bosquejando o tratando de expresar una idea de forma coherente y agradable al mismo tiempo, Y solo puedo decir:
¡! Lo siento Jesús, tenias razón!! .

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