5 abr. 2009

Cuando los nombres cambian...


Después del año 1959 en Cuba ha habido una fiebre de cambios que abarca prácticamente todo.
Es como si el simple cambio de la etiqueta cambiara el contenido del envase.
Filosóficamente se podría hablar de la interaccion entre forma y contenido, pero esto sería un poco como diría irreverentemente Pacholo, mi fantástico amigo y consejero:
!Puro teque!
Las Casas de Socorro se convirtieron en Policlínicos, pero dentro todo era igual. Los nombres tradicionales Juan, Francisco, María, Caridad, dejaron de existir y surgieron otros, a veces impronunciables, como Aramoix, que da la impresión de algo nuevo, pero sólo es el nombre de la madre al revés. Otros que manifestaban el amor de la pareja: Yoel, y muchos más que no tengo espacio para mencionar.
El que a mí me toca y no quiero cambiar es el del lugar donde viví los primeros años de mi vida: La Isla de Pinos.
Una isla situada al Sur de la provincia de La Habana, muy cerca de Batabano, llamada también Isla de las Cotorras o Isla del Tesoro, y después del año 1975 Isla de la Juventud.
Lo cierto es que a pesar de todos los cambios nominativos sigue siendo la misma paradisíaca isla situada al sur del archipiélago cubano, lugar donde sus habitantes cuando viajan a la isla mayor dicen: "Voy a Cuba". Como si de otro país se tratara.
Isla de Pinos fue conocida por ser la sede del Presidio Modelo, que de modelo no tenía nada, y donde eran enviados los más peligrosos criminales y en diferentes gobiernos los presos políticos.
Allí vivió desterrado el Apóstol de nuestra independencia José Martí, y desde aquel lugar fue deportado a España, con su alma y su cuerpo enfermos, por las penalidades del presidio colonial.
Dicen que los primeros pobladores de la isla fueron indígenas procedentes de Centro América y el Amazonas, avistados alguna vez por navegantes europeos, quienes dejaron allí sus huellas rupestres en la llamada Cueva del Indio, y mas tarde por piratas y bucaneros que dejaron algunos tesoros enterrados en lam isla.
Según el más joven de mis tíos, Lázaro Placeres Mena, cerca de su casa, en una orilla del Río Gerona, sobresalía lo que parecía ser un lingote de hierro, un pedazo de algún barco hundido y desde allí los muchachos se lanzaban al agua, tomándolo como trampolín.
Una mañana la punta de hierro había desaparecido y sólo quedaba la huella de lo que había sido una gran caja o quizás un antiguo baúl.
Nadie jamás declaró el posible descubrimiento, ni se produjo un rumor que permitiera saber quien se había apoderado del supuesto tesoro. Todo hacía suponer que alguno de los visitantes extranjeros, o quizás nacionales, llegados en sus barcos y yates, en la noche isleña extrajeron la caja y se la llevaron.
En ciertos momentos la isla quedó como en un limbo de pertenencia hasta que finalmente fue declarada posesión de la República de Cuba.
Allí se asentaron muchas personas llegadas de las diversas islas cercanas, Caimán Grande, Jamaica, Barbados y Granada, y que llegaron hasta fundar una zona de habla inglesa llamada hasta hoy Jacksonville.
También se establecieron algunos norteamericanos, que popularizaron la construcción de los bwngalows, dedicados al cultivo de cítricos e injerto de mangos, incluso una nutrida comunidad japonesa presidida por la familia Harada, productores de la famosa toronja de Isla de Pinos.
Como era de suponer, en Cuba, país nacido del vientre de la colonia española, la mayoría de los pobladores de Isla de Pinos eran de origen hispano: mallorquines, isleños, catalanes, y aunque no en forma mayoritaria, algunos gallegos, que parece preferían quedarse en la Isla Mayor acariciando el sueño de emigrar a los Estados Unidos de Norteamérica, y quienes terminaban "aplatanándose" y uniéndose amorosamente con las lindas mulatas criollas, reputadas como la mejor creación hispana en las Antillas.
Por las calles de Isla de Pinos era común oír algunas lenguas o dialectos hispanos como el mallorquín, el gallego, el catalán, pero también se oía con mucha frecuencia el inglés hablado por los isleños antillanos.
Muchos Pineros hablaban ingles perfectamente, entre ellos mi madre que en una de sus visitas a la Florida, donde estaba radicado Dagoberto su hermano, un señor norteamericano, intrigado por su acento británico, le pregunto si estaba radicada en Boston, cuando en realidad era la primera vez en su vida que visitaba los Estados Unidos de Norteamérica.
Mi padre, un cubano nacido en Pinar del Rió, arribo a la Isla, trasladado como miembro del Ejército Constitucional, bajo la presión de su hermano mayor, como última solución familiar para alejarlo de alguna amistades adquiridas en sus aventuras juveniles.
En la isla, como era de esperar, Amado, un hombre amante de las buenas relaciones humanas, rápidamente comenzó a establecerlas con la población femenina del pueblo.
Entre las más jóvenes conoció a Mercedes, una de las hijas de un patrón de barcos dedicado al cabotaje con su goleta “Las Marías”, Ramón Placeres, que además era conocido como poeta humorístico en la zona, y se hicieron novios.
La unión de Mercedes y Amado, que así se llamaba el joven soldado, fue obra un poco de la casualidad y del carácter decidido de Mercedes.
Cuentan que una tarde estaban los jóvenes reunidos en parque de Gerona, costumbre de la mayoría de los pueblos de Cuba, donde haciendo la ronda en distintas direcciones, los jóvenes se conocen y establecen amistad que muchas veces culminan en amores.
Dándole la vuelta al parque Mercedes vio a Amado muy entretenido conversando con una de las mujeres del pueblo. Inmediatamente se hizo bien visible para que Amado la viera. Amado sorprendido, cuando la vio, acudió a saludarla.
Mercedes lo primero que le pregunto fue porque andaba con aquella mujer, que no era de las mas distinguidas del pueblo. Amado un poco sin saber que decir le contesto que ella le daba lo que ella como novia suya no podía darle.
Mercede simplemente le hizo una pregunta: ¿Acaso tú me lo has pedido?
Aquella conversación terminó en casa de Amado la que Mercedes abandono a la mañana siguiente, huyéndole a las ranas que le daban más miedo que sus nuevas relaciones con Amado.
La diferencia de edad, entre ellos, era de casi 10 años, pero la joven Mercedes poseía un carácter más maduro que su edad real y logro que el joven militar renunciara a su soltería e iniciara una vida matrimonial que duró 15 a años y de la cual nacieron tres hijos tres hijos, dos varones y una hembra, yo entre ellos.
La nueva familia de Amado era gente muy especial, tanto como las gentes del pueblo que no se quedaban atrás.
El padre de Mercedes, Ramón Placeres, poeta y marino, hacia sus poesías más por un sentido humorístico que literario, una de ellas motivó para una gran disputa entre vecinos, y decía así:
Tomás le dijo a Tomasa
Por la puerta sale humo
No se porque me presumo
Algo se quema en la casa
Y le contesto Tomasa
No te preocupes Tomas
Es tu nieto Tomasito
Este es un tarro chiquito
Y todo se queda en casa
Publicado por Lic. Roman Rodriguez Placeres. Art. Sc. MR. en 5:20 0 comentarios

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